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Los Otros Caminos

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Desde Chantada a Portomarín por la cola del embalse de Belesar.

Desde Montefurado llegamos a Chantada y allí, por la margen derecha del Miño, buscamos la confluencia en Portomarín con el Camino Francés. Este trayecto es la prolongación de la Ribeira Sacra por el mar interior que provoca el Salto de Belesar.

 
Donde los romanos horadaron el monte Pena do Corvo para desviar el curso del río Sil y recoger de su lecho pepitas de oro, ahora dicen que comienza una variante más del camino de Santiago.
De un cometido tan mundano y avaricioso como conseguir oro, a una ruta espiritual. La realidad es que los caminantes aprovechaban las rutas existentes y dada la existencia de oro y otras mercancías, ha existido desde hace mucho tiempo este camino sur.
Comienza esta ruta xacobea en este tunel de 400 metros de largo, 19 de ancho y 17 de largo que no se hizo para la autovía si no en el siglo III.
Y del oro de Montefurado al mejor dorado, el de la luz en la ribeira sacra, por ejemplo en el balcón sobre el Sil de Cubelas.
Tenían y tienen complicado los peregrinos de este camino sur la meditación espiritual con tantas distracciones exquisitas, tanto en el paisaje como en la arquitectura civil y religiosa.
Y es que discurre paralelo este camino a la ruta del románico, y aunque estos templos eran para orar, es imposible no admirarlos. Como esta iglesia de San Xulián de Lobios en Sober.
Podemos continuar con el monasterio de Ferreira de Pantón o con la iglesia de San Estevo de Ribas de Miño.
Este camino empieza en Montefurado y llega hasta Montefaro donde enlaza con la Vía de la Plata. Pero nos vamos a apear en Chantada para unirnos a otra variante, la del camino francés en Portomarín.
Nos lleva de la mano el río Miño, a su paso por Taboada.
Entramos como todos los peregrinos por la capilla de Nuestra señora de las Nieves.
Una vez localizado el albergue, que este año se va a desbordar, hay que conocer Portomarín.
Hubo otro Portomarín, pero ahora yace bajo las aguas del Miño embalsado. Este otro existe desde hace 40 años.
Tras dejar que el Miño deborara casas, historias y recuerdos, el Monte do Cristo acogió a lo que quedaba del espíritu de Portomarín, y a algunos de sus edificios que fueron trasladados piedra por piedra. Esta Iglesia fortaleza de San Xoan del románico tardío, aún conserva las marcas del traslado, igual que la iglesia de san Pedro. Otros son replicas de los ahogados, como este pazo.
Para ayudar al calor del hogar, los barios tiene los mismos nombres.
Sin atrevernos a decir que el cambio fue positivo, si que este Portomarín es una preciosa villa jardín, de calles empedradas, y sin ningún halo de prefabricado.


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