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LAS RIBERAS SAGRADAS

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El Miño y el Sil , creadores de las mas bellas rutas naturales.

El Miño y el Sil son el motivo principal del paisaje que conocemos como Ribeira Sacra. Incluso antes del descubrimiento de la tumba del Apostol se pobló de ermitas y cenobios que habitaban monjes capaces de convertir los mas abruptos montes en tierras de cultivo. El paisaje nos descubre verdaderas joyas del románico que perviven en el tiempo.

 
Durante el recorrido por la Vía de la Plata hemos tenido una compañera fiel, el agua, un dato quizás curioso pues atraviesa la única provincia sin mar de Galicia. Pero hablamos de agua dulce, aunque a veces imite a la salada en mares interiores. Agua que discurre, y agua que sana, y agua artista porque a su paso ha creado el indescriptible paisaje de la ribeira sacra. Los vehículos, el río Miño y el río Sil.
El Miño marca una ruta que discurre entre monasterios, bosques centenarios, y aldeas pintorescas donde se puede apreciar los antiguos modos de vida rural y un impresionante paisaje de montañas modeladas por el hombre durante generaciones.
El Miño en su primer tramo es sosegado y tranquilo, pero en este tramo es un río juvenil que traduce su dinamismo en un vigoroso proceso de erosión, abriendo canales que en Portomarín son de 200 metros, y en Os Peares llegan a los 400 metros por debajo de la penillanura.
Y todo esto se alterna con instalaciones náuticas o playas fluviales. Ya que las amplias márgenes y el abundante caudal hacen de este tramo un lugar ideal para los deportes nauticos. (Castrelo de Miño).
Una de las rutas que se pueden realizar en catamarán es la del embalse de Os Peares que comienza en este pueblo y que lleva al más bonito pueblo ribereño, Belesar.
Belesar parece un pueblo marinero varado en el interior de Galicia y conserva una calzada romana . El topónimo parece proceder de la voz celta sar tierra, y Bel dios celta.
Otra de las rutas comienza en el embalse de Belesar.
Ambas discurren por un mar de aguas dulces y remansadas, encajonadas por estas laderas verticales. En Os Peares confluyen tres ríos el Miño, el Sil y el Bubal. Y el propio pueblo pertenece a 4 municipios y 2 provincias.
Cuando el Sil se añade al Miño este río se convierte en uno de los más importantes de la península, y entra en Ourense.
Las tradicionales bodegas se levantan entre el paisaje de viñedos, y algunas han pasado a ser acogedores refugios de fin de semana de urbanitas que buscan un descanso.
Este río ha sido el vehículo de multitud de transacciones de comerciales, todas debidas al vino. Los monasterios comerciaban con las poblaciones ribereñas. Ya antes de que fuese descubierta la tumba del Apostol en el monte Libredón esta tierra se pobló de cenobios y ermitas.
La cantidad de sol que reciben las cepas ha hecho al vino de esta zona tan especial.
A ambos lados los caminos para bajar hasta la orilla van en zig-zag porque en línea recta sería imposible debido al gran desnivel. Este gran encajamiento parece ser que es lo que convierte al Miño en un río idóneo para el represamiento en embalse. Estos embalses son una importante fuente de energía aunque han producido un cambio en la climatología y en los procesos de erosión. Y los ríos caen al Miño en grandes cascadas, dibujando valles encajados de fuertes pendientes en los que el hombre ha sabido aprovechar estas especiales condiciones para cultivar sus vides, y han conseguido que la erosión no arrastrase sus tierras.
El Sil antes de encontrase con Miño en Os Peares deja atrás mares interiores como el embalse de San Pedro o el de San Estevo.
A este río, a su influencia en el clima hemos de agradecer la construcción de joyas como el Monasterio de San Estevo, este de Santa Cristina (Parada de Sil), el cisterciense de Xunqueira de Espadañedo, o el de Ferreira de Pantón.
Aunque no siempre fue suficiente el vino como fuente de subsistencia, y los gallegos marchaban a castilla que contemplaban con tristeza desde estos balcones de Madrid.


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