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TIERRA RESIDENCIAL

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Orense busca su expansión residencial en las tierras que recorre la Ruta Xacobea.

Los municipios de Coles, Amoeiro, Vilamarín y Cea ofrecen poblaciones bién comunicadas con la ciudad en donde los viejos pazos conviven con modernos chalets. Amoeiro es el balcón del Ribeiro con el pazo de Trasalva como emblema monumental; Coles está pegado a Orense y tiene sus principales valores naturales en los espacios del Miño; Cea es toda ella un conjunto etnográfico de gran valor.

 
El nuevo Ourense crece hacia sus concellos limítrofes, desde Amoeiro hasta Cea. A 15 kilómetros por carretera se encuentra Amoeiro. El censo habla de unos 2.300 habitantes, pero hay que sumar otro tanto para computar la población de hecho.
Los chalets brotan en esta tierra de pazos.
El de San Damián, en la parroquia de Abruciños, es uno de los más espectaculares. Fue una antigua granja monasterial, de ahí su extensa finca.
Edificado entre los siglos XVII y XVIII, hace dos años comenzó una minuciosa restauración que lo salvó de la ruina y en unos meses abrirá sus puertas convertido en establecimiento hotelero. Cuando escojan alojarse aquí, no olviden realizar la visita más ilustre y auténtica al Pazo de Trasalba.
Una de las residencias habituales de Ramón Otero Pedrayo fue esta de Cima da Vila, que ahora es su Casa Museo. Un pazo del siglo XVIII inmerso en un paisaje que resulta clave para entender el pensamiento oteriano. A Don Ramón, como le siguen llamando sus vecinos, le gustaba estar aquí, recibir a sus visitas en la camilla de la salita, donde se sentaba a escribir cuando no podía hacerlo en la hermosa galería diseñada por Castelao.
La Fundación que lleva su nombre trata de conservar la casa tal como era en vida del escritor, llena de recuerdos, de objetos personales y de libros. De hecho, la casa está habitada por un espíritu romántico que añora tiempos pasados.
Tiempos que, en cierto modo, también se pueden saborear en Casa Grande de Soutullo, en Coles, otro pazo del XVIII destinado al turismo rural.
Igualmente Coles conserva el carácter residencial que en otro tiempo levantó casas grandes. Este concello es uno de los receptores de la expansión urbana y demográfica de Ourense. Hoy son chalets de moderna construcción o casas restauradas las escogidas para vivir, ya que la ciudad está muy cerca, o como residencia de fin de semana y vacaciones. Para el tiempo libre no hay duda, el medio natural es el principal valor del concello, y el Miño su campo de juegos. El club fluvial de Ribela promete emociones fuertes.
Seguro que aquí también se vivió intensamente. El Pazo de Vilamarín es, históricamente, uno de los más importantes de la provincia de Ourense. La antigua residencia de los Condes de Sarmiento, señores de Rivadavia, se levanta sobre roca en una geografía de poco relieve. Tras pasar por varios propietarios, la Diputación Provincial de Ourense se hizo cargo del edificio y hoy es un magnífico centro cultural. Dentro de los próximos cinco años exhibe una muestra del artista ourensano Xaime Quesada, inclasificable y prolífico. Cuadras y almacenes ocupaban las dependencias de la planta baja, en torno al patio interior. Sobre él crece una galería que distribuye el primer piso, el de la cocina y los grandes salones, donde ahora cuelgan los vigorosos estallidos de color de Quesada. De una modernidad rabiosa viajamos, en pocos kilómetros, a la tradición viva en Cea, la tierra del pan sabroso. En este municipio los ecos de la ciudad no son tan persistentes, por el momento. Cea conserva, en buena medida, cierto carácter popular en su disposición urbana, aunque también por aquí se nota el tirón del sector de la construcción.
En Cea la cita con la historia es inaplazable. Más tarde visitaremos el Monasterio de Oseira, pero antes nos detenemos en la iglesia románica de San Facundo, santo martirizado a orillas del río Cea y cuyas reliquias se veneran en la Catedral de Ourense junto con las de San Primitivo, su compañero de fatigas.
Al parecer, en Covas, hubo un castillo que desapareció en la Guerra Irmandiña de 1467. En su lugar, en el emplazamiento de un castro, aún se levanta el Santuario dieciochesco de Nuestra Señora. No dejamos Cea, regresaremos enseguida para recorrer Oseira.


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