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NOCHE EN OURENSE

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Una ciudad acogedora que abre sus puertas al visitante.

Hacemos noche en Orense para disfrutar del entorno del río y recorrer un eco-sistema recuperado, vivo y agradable. Entre el Parque de San Lázaro y los Jardines del Padre Feijoo se concentran el Paseo, centro de la vida social y comercial de Orense. En la calle San Miguel, epicentro de la gastronomía orensana, encontramos múltiples opciones para una buena cena y terminamos con una sobremesa en cualquiera de los locales originales y agradables que nos ofrecen todo tipo de actuaciones musicales.

 
Escucha, peregrino. Si no llegas muy cansado a la ciudad de los puentes sobre el Miño, déjate acomodar en sus riberas.
Obsérvala desde lo alto y mide sus pulsaciones. Miles de luces en la noche te muestran por dónde fluye la vida en sus arterias.
Echate a un lado y mira cómo será tu camino cuando abandones la vieja Auria atravesando el puente romano.
Pero nada impide que te desvíes de tu itinerario para cruzar el nuevo símbolo ourensano como un turista más: Ponte Milenio, un columpio que se riza en el aire.
Si permaneces atento descubrirás parajes insólitos a ambos lados del Miño. En contacto con la naturaleza, ambiente zen y arquitectura japonesa en las termas de A Chavasqueira. Al aire libre, en plena noche, puedes bañarte en sus piscinas de agua caliente. Perderás la noción del tiempo. Tan lejos y tan cerca queda la ciudad. Un hervidero de almas, de historias, de modos de vida que se cruzan en la noche.
La ciudad de las compras en la carrera por las rebajas convive con el ritmo lento y sosegado del paseo. Apacible pero muy concurrido. Hay costumbres que no se pierden. Y las medidas de Ourense permiten olvidarse del coche y recorrerla a pie. Al lado de los que compran y pasean, otros, los olvidados, se abren camino... como pueden. Verás cómo cambia la perspectiva a la luz de las farolas. El Parque San Lázaro adquiere tintes fantasmagóricos.
Te parecerá encontrarte con pagodas envueltas en mil velos, con edificios encantados. Todo está en tu imaginación y, a la vez, no lo está.
No te sacará de dudas el Ourense vello. Seguirá jugando contigo a las sombras chinescas y tú aceptarás la partida. Como no hay reglas, elige tu propia aventura, salta de un lugar a otro. Puedes decidir qué fachada de la Catedral te gusta más o también quedarte con todas. Levanta la vista, quizá encuentres las alas de murciélago que se dejó olvidadas un superhéroe.
Regresa al mundanal ruido, proclaman los cantos de sirena. Únete a nosotros. Aparca tus intenciones en la entrada y déjate llevar por los placeres de un mundo inventado construido con piezas de anticuario. No falta un detalle para que te sientas transportado de época y de lugar.
Prescindiremos de una máquina del tiempo para que viajes de una cervecería irlandesa del siglo pasado a una bodega gallega. Los incondicionales de Emilio te harán tantas señas que tu curiosidad no se podrá resistir. Porque tras la taberna hay mucho más. Un patio con comedores al aire libre, refrescante sobre todo en verano, altamente recomendado como refugio cuando el termómetro está a punto de estallar. Y un extenso jardín para compartir vinos, tapas y confidencias a medianoche. Como antesala te diremos que la carta de vinos es apabullante.
La otra, la de mariscos, pescados y carnes de raciones suculentas, se disfruta sola sentado a la mesa. Cuando te hayas repuesto de tu visita a la Adega de Emilio, antes de que te venza el sueño, prémiate con un café con sabor a nocturnidad, a tertulia, a Auria.
Ahora ya conoces Ourense.


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