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De MIño a Betanzos

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Betanzos:La ciudad de Los Caballeros.

Tras pasar la noche en Miño, capital del veraneo del norte, cruzamos el estuario del Lambre por Ponte de Porco. La ruta es monumental y las iglesias se suceden hasta llegar Betanzos. La villa está marcada por su carácter señorial de antigua capital de Galicia .Sus monumentos, murallas casas y barrios antiguos han merecido la calificación de Conjunto Histórico Artístico.

 
Si uno ha dormido bien en el albergue de Miño, la mejor manera de comenzar el día es acercarse hasta la Playa Grande, con vistas en primera fila a Sada y con el privilegio invernal de no tener que compartir una de las playas más concurridas de Galicia.
Miño es una de las capitales del veraneo en el norte, y a sus turistas les hace un guiño europeísta, recordando su vinculación xacobea.
Por el camino real dejamos Miño, que en el estuario del río Lambre da paso al concello de Paderne. El lugar se conoce también como Ponte do Porco, en recuerdo del jabalí, emblema de los Andrade, ya que por aquí construyó Fernán Pérez de Andrade dos de los siete puentes que facilitaban las comunicaciones entre sus dominios.
Al otro lado, en Paderne, frente al Pazo de Montecelo, nos detenemos brevemente en la iglesia románica de San Pantaleón das Viñas.
Conviene tomárselo con calma, porque esta parte de la ruta es monumental. Y no porque requiera más esfuerzos, sino por el rosario de iglesias que se suceden una tras otra. San Martiño de Tiobre, románica del siglo XII, es la primera que nos encontramos en Betanzos. A poca distancia, el Santuario da Angustia, barroco del XVIII, y que a pesar de la torre tiene estructura de pazo. Muy pronto llegaremos a Betanzos y allí concluirá esta etapa.
Lejos queda del mar el viejo puerto Brigantium Flavium de los romanos. La estructura urbana de la villa está marcada por su carácter señorial, de antigua capital de una de las siete provincias del Reino de Galicia. Durante los siglos XV y XVI alcanzó su máximo esplendor. Las principales familias gallegas se jactaban de tener casa en Betanzos, de ahí la denominación de “Ciudad de los Caballeros”. Y en 1970, la villa fue declarada Conjunto Histórico-Artístico.
Callejear por Betanzos es como leer un libro de historia. Una lección que se puede recibir en cualquier lugar. En la puerta principal del Hospital de la Anunciata descubrimos el escudo imperial de Carlos V. Las tres iglesias principales son mandatos de Fernán Pérez de Andrade, el de los puentes. Santa María do Azougue es uno de los templos más bonitos de Galicia. Es de finales del siglo XIV, y fue mandada construir sobre otra anterior románica. Santa María tiene como vecina la iglesia de San Francisco, considerada monumento capital del gótico gallego, del siglo XIV.
Vinculada a la casa de los Andrade, luce su emblema, el oso-jabalí, en su ornamentación externa. Y en la Plaza de la Constitución ya no sabemos dónde mirar. Vayamos por partes. El antiguo edificio consistorial, del siglo XVIII, es obra de Ventura Rodríguez. El Palacio de Bendaña, del siglo XV y reedificado en el XVII. Dominando la plaza, la Torre del Reloj, del siglo XVI.
La Torre está adosada a la iglesia de Santiago. Su portada principal es un ejemplo de la pervivencia del románico en algunas construcciones religiosas gallegas, nada menos que hasta el siglo XV.
Betanzos gozó del privilegio de ser “puerta del perdón”. Quienes por razón de enfermedad o causa mayor no pudiesen llegar a Compostela, podían ganar aquí el jubileo. Y una vez solicitada la protección del Apóstol aún nos sobra tiempo para curiosear un rato.


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