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IRIA FLAVIA, AL PIE DEL CAMINO

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La huella del Apostol.

Iría Flavia era, según la tradición, una gran ciudad romana cuando llegó a estas costas el cuerpo del Apostol Santiago. La barca que lo traía atracó en el Rio Sar y fue amarrada a una piedra, o pedrón. Su colegiata, los edificios de los canónigos y el entorno del templo suponen un buen motivo para hacer un alto en el camino.

 
El rastro del Apostol Santiago. Esta es la mejor guía, la mejor huella a seguir para conocer las calles de Padrón e Iria Flavia.
Sigamos su estancia en Padrón a través de las piedras.
A las orillas del Sar está una réplica del Pedrón en el que el apostol amarró su barca.
Para seguir el rastro del auténtico pedrón hay que cruzar el río por este bonito puente y acudir a la Iglesia de Santiago. De paso le hacemos una visita a este muelle a orillas del sar reconvertido en capilla por orden del obispo Xelmírez en el siglo XII. El pedrón esta bajo el altar de esta iglesia reconstruida tres veces sobre la primitiva románica. En realidad el pedrón es una ara romana. Y una vez llegado el Apostol a Padrón qué pudo hacer.
Pues rendirse a las necesidades básicas y beber. Dicen que lo hizo en esta fuente.
Preparada la garganta para predicar se dispuso a hacerlo. Y dice la leyenda que elevó su voz desde estas piedras en el alto del Monte San Gregorio. Por eso se construyó la ermita de Santiaguiño do Monte en su honor a 300 escalones de Padrón.
Pero el cometido del Apostol no era fácil, le perseguían, y bajo estas rocas, en una cueva, tuvo que esconderse. La creencia popular confieren poderes a sus recovecos.
Antes de descender de nuevo a Padrón es buena idea contemplar con calma las vistas que nos ofrece este monte de San Gregorio. Y ascendiendo un poco más, está esta bonita area recreativa.
Pero ya que hemos subido a este monte no nos podemos ir sin una visita al convento neoclásico del Carmen.
Antes de continuar nuestra indagación tras el Apostol hemos de cruzar las calles de Padrón y merece la pena pararse en cada detalle.
Es un lujo que una villa pueda presumir de que por sus calles se puede pasear entre edificios como el palacio del Obispo Quito, la alameda y demás rincones de Padrón. Y volviendo a la presencia indeleble del Apostol encontramos en la puerta de la villa este crucero gótico. En él hay tallada una barca que transporta al Apostol.
Pero aún nos falta por visitar, por admirar el lugar más importante, más cargado de significado. Las pistas tras el Apostol sólo señalan a un lugar.
Estamos en Iria Flavia.
Pese a ocupaciones anteriores, los romanos fueron quienes dotaron de poder a Iria Flavia. Su puerto fue el artífice, ya que le convirtió en un importante foco comercial. Fue con los Flavios cuando se le otorgó el derecho latino y se le dio el rango de municipium, o ciudad romana.
Su nombre parece ser la unión de una palabra celta y el calificativo del emperador romano Flavio Vespasiano.
Los siguientes en intentar hacerse con estas tierras fueron los vándalos, suevos y godos, los delatan los restos de una necrópolis sueva y una basílica goda.
Aunque parezca una paradoja, el descubrimiento de los restos del Apostol por parte de su obispo, significó la decadencia para Iria Flavia, pues se trasladaron a Santiago. Desde entonces pasó a ocupar un papel defensivo para proteger Compostela.
La colegiata o iglesia de Iria Flavia es originariamente románica ojival del siglo XIII, aunque tiene partes del barroco. Fue el primer templo mariano del mundo, y su impulsor, como no, el gran Gelmirez. Decimos el primero porque esta actual está sobre los restos de otra colegiata que a su vez aprovechó los restos de un templo romano-cristiano.
En el exterior está el cementerio de Santa María de Adina en donde estuvo enterrada Rosalía de Castro, y actualmente yace Camilo José Cela.
Desde su tumba el gran escritor vigila la marcha de la fundación que creó en 1986 para devolverle todo lo que le debía a su tierra, y que ocupa los edificios de los canónigos.


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