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Cee, al Pie del Camino

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Desde Hospital, escogemos el camino de Cee para viajar al Fin de la Tierra.

A muy poco de Dumbria nos encontramos con el Santuario de Nuestra Se√Īora das Neves. Nos desviamos hasta el Alto de O Cruceiro da Armada desde donde divisaremos el Cabo Fisterra. Pero antes de alcanzar la costa mas bella de la pen√≠nsula el caminante llegar√° a Cee, villa marinera muy ligada al mundo de la emigraci√≥n a Am√©rica.

 
En esta ocasión, desde el Hospital escogemos el camino de Cee para viajar hasta el Fin de la Tierra.
Hemos de caminar una buena distancia por el que fue el Camino Real, quiz√°s se trate del tramo mejor conservado. Varios kil√≥metros en l√≠nea recta hacia poniente y llegamos a la capilla de Nuestra Se√Īora das Neves .Son muchos los que aqu√≠ hacen una peque√Īa parada. Este santuario dieciochesco es adem√°s conocido por la fuente milagrosa que dicen ayudaba a lograr muchos embarazos.
El Camino nos muestra la Galicia más salvaje y a la vez la más humanizada antes de poder refrescarnos en la fuente que preside la entrada a la capilla de San Pedro Mártir. Si lo de las aguas curativas ya es una leyenda, lo de dejar limosna es aquí toda una costumbre, aunque nadie sabe bien de donde procede.
Un peque√Īo camino empedrado llama nuestra atenci√≥n y consigue que nos desviemos, ¬°y vale la pena!. El alto de O Cruceiro da Armada nos espera y nos ofrece su cuerpo para reposar y contemplar nuestro interior antes de encontrarnos con el mar y divisar en el horizonte el llamado Final de la Tierra.
Aunque la bruma no nos permite distinguir bien el Cabo Fisterra se presiente su silueta allá a lo lejos, delimitando también la Ría de Corcubión. No en vano ya los romanos descubrieron su fuerza cuando vieron al enorme sol desaparecer entre las aguas.
Pero antes de llegar al tramo final, dicen, de un itinerario marcado en el cielo por la Vía Láctea, deberemos bajar hasta Cee, el epicentro comercial de la zona, hoy ya marcado con un aire de modernidad.
El Municipio de Cee, está en un claro momento de desarrollo y expansión.
Pero Cee ha sabido conservar bien su sentido hist√≥rico. El ejemplo lo tenemos en su iglesia parroquial, reedificada en el siglo XIX pero con claros signos g√≥ticos del XVI. Tambi√©n en medio del antiguo barrio nos encontraremos con una de sus casonas, el Pazo de Cot√≥n, fundada a principios del XVIII por los Caranto√Īa de Vimianzo.
Otra de las se√Īas de identidad que esta villa ha sabido mimar cuidadosamente han sido los lazos que mantiene con la emigraci√≥n y con el ilustre indiano, Fernando Blanco de Lema.
Naci√≥ en Cee en 1796 y con s√≥lo 13 a√Īos emigr√≥ a la isla de Cuba, donde con gran esfuerzo hizo una gran fortuna. Poco antes de morir, redact√≥ un testamento en el que legaba unos 750000 pesos de oro para construir y mantener en su pueblo natal un colegio de primera y segunda ense√Īanza. Con algunas dificultades el proyecto se llev√≥ a cabo, lo que determin√≥ el nacimiento de su fundaci√≥n.
La escuela de ni√Īas fue edificada sobre el solar de la casa natal de Fernando de Lema y en la actualidad alberga este museo en el que se encuentra parte del material que se emple√≥ por aquel entonces en esos centros educativos.
La iniciativa de Blanco de Lema no fue un caso aislado, pues se puede decir que, en materia de infraestructuras, las asociaciones de emigrantes dotaron al pa√≠s de la primera red de edificios escolares expresamente dise√Īados para acoger con dignidad la tarea docente.


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