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CAMINO DE HOSPITAL

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Parajes de espectaculares vistas y la mejor arquitectura popular.

Salimos de Negreira por un pequeño puente de piedra que salva el río Barcala. Este trayecto nos ofrece hermosos ejemplos de arquitectura popular como los hórreos. En la parte final, el Xallas es el protagonista. Destaca Ponteolveira un puente medieval en tierras de Dumbría. La ruta discurre próxima al embalse de A Fervenza. Finalizamos en Hospital, punto de bifurcación del camino de Fisterra y del de Muxia.

 
Para iniciar esta nueva etapa nos despedimos de Negreira con su sello más característico. El Pazo de Cotón, del que ya les hemos hablado, nos acompaña hasta la misma salida del pueblo. Un pequeño puente sobre el río Barcala nos indica la dirección que hemos de seguir. En esta etapa, nuestra ruta xacobea vuelve a coincidir con lo que fue el Camino a Fisterra y así lo indican lugares como Porto Camiño o Camiño Real .Lugares que con el paso del tiempo han labrado en la tierra su propia historia.
Las señales nos envían de nuevo al asfalto, pero en esta ocasión no le preocupa al peregrino porque sabe que se encuentra en la antesala de uno de los mejores tramos.
Zona de altiplanos, prados recién brotados y nuevos senderos nos envuelven de un cierto halo misterioso.
Hay quien prefiere caminar en compañía, aunque en compañía o en solitario es una delicia recorrer estos parajes repletos de la mejor arquitectura popular.
Aquí y en toda la comarca de Xallas los hórreos son seña indicativa de lo que fue su modo de vida y de una cultura arraigada a la tierra.
Y si nos paramos con algún vecino de la zona descubriremos el arte de la cestería, múltiples utensilios tejidos cuidadosamente en paja.
Ya en Maroñas nos encontramos otras reliquias, las religiosas. La iglesia A románica de Santa Mariña es uno de los pilares de nuestra etapa.
Seguimos de nuevo las indicaciones, esta vez para hacernos dueños por un instante de las mejores vistas que nos ofrece el alto del Monte Aro. No es difícil que aquí nos alcancen los sonidos del Camino.
Y de una espectacular vista a otra que no la desmerece. Avanzamos deseosos de encontrarnos de nuevo con otro de los tesoros de estas tierras, aunque el hombre ha tenido mucho que ver, la postal que ahora contemplamos nos inmoviliza con su grandiosidad y hermosura. Se trata del Embalse de A Fervenza un gran lago azul o un inmenso estanque al que el camino xacobeo nos acercará más antes de pasar de largo y decirle adiós.
Puede que a estas alturas el cansancio haga amagos de podernos, pero sin duda, es mayor la ilusión que nos envuelve y muy reconfortante el paisaje que nos rodea.
Cada vez falta menos. El puente en Mazaricos nos indica que ya es poca la distancia que nos separa del albergue de Ponteolveira. Bajo estos arcos, inicialmente del siglo XVI, el río Xallas cobra fuerza, la misma que nosotros al contemplarlo.
Con el aliento recuperado llegamos a Olveiroa. Su plaza principal bien podría ser el escenario de un cuento: la mejor arquitectura popular, la piedra gastada y los floreadas camelias le dan un aire distinguido. Un aspecto similar al que ha mantenido la callecita del Albergue. Lo cierto es que dan ganas de dejar la mochila y quedarse aquí hasta mañana. Acogedor, tranquilo, y con todo tipo de atenciones para el caminante peregrino.
Pero a veces la inquietud y el afán quizás aventurero nos impulsa a seguir hasta la zona del Hospital. Este tramo realmente nos sobrecoge. En todo momento el camino va rodeando el alto y dibujando la silueta de otro de los embalses de la comarca. Así hasta llegar a los restos del que fue en su día un puente de paso. Ya desde el siglo XIII se cruzaba por aquí.
Hoy si no quieres desviarte y perder su magia debes hacerlo con cuidado, pues ya no es al primero que estas aguas le robaron con gran sigilo los suspiros y los recuerdos que guardaba en su mochila.


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