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Un Paraíso Natural

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Las Islas Cíes deslumbran en su soledad antes del verano.

El archipiélago de las islas Cíes está formado por tres islas principales: la isla del Norte o de Monte Agudo, la isla del Monte Faro, o Centro y la isla Sur o San Martiño, y otros pequeños islotes. La superficie total del parque natural protegido es de más de 3000 ha de las que más de 400 corresponden al área emergida.

 
El paraíso tiene nombre de isla y está muy cerca. Claro, las Islas Cíes. Así nos las hemos encontrado, deslumbrantes y solitarias, antes de que se inaugure el verano, y con ayuda de una de las guías de este Parque Nacional, las vamos a descubrir.
Vegetación endémica como la ?Armeria Pungens?, única en Galicia, crece a los pies de la playa de Rodas, en las Dunas de Figueiras-Muxieiro, que se encuentran en proceso de regeneración. Hasta llegar al Faro nos quedan unos seis kilómetros por recorrer, a pie, por supuesto. No hay carreteras en Cíes. Pero hay rastros de civilización, como el dique que se construyó a finales del siglo XIX para instalar un vivero de langostas y facilitar el tránsito hacia la fábrica de salazón que había en el actual muelle de Rodas. El dique comunica la isla de Monteagudoo Norte, con la isla del Medio o Sur, unidas por el brazo de arena de Rodas. Entre ambos se encuentra el Lago dos Nenos.
La huella del hombre es patente en Cíes. Ahora los únicos habitantes permanentes de las islas son los guardas del Parque Nacional y los pocos residentes que conservan casa y que ya sólo vienen en verano. La declaración de Parque Natural, en 1980, prohibió nuevas edificaciones. Pero a finales del siglo XIX llegó a haber más de cincuenta de habitantes. Y hubo hasta un monasterio desde el siglo XVIII, cuyos restos se utilizan ahora como Centro de Información.
Varios senderos cruzan la isla del Medio, en la que nos situamos ahora. Nuestra ruta serpentea por caminos a veces más fáciles, otras apacibles en paralelo al mar o inmersos en zonas boscosas. Nos desviamos del camino para llegar al mirador de la Campanauna piedra granítica que muestra el resultado de la erosión. Dicen los marineros que la piedra ?canta? los días de viento. La zona es un excelente observatorio de aves, ya que es un mirador hacia los acantilados en los que anidan.<
Por fin, el faro. Enroscado sobre una colina en la que hubo un poblado castrexo, parece un desafío. Seguro que era más fácil llegar al Faro da Porta, también llamado Faro Pequeño, frente a la isla Sur o de San Martiño. El premio a la esforzada ascensión es la vista desde su 178 metros de altitud.


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