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COSTA DE VIDA

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Desde la Ría de Muros doblamos Monte Louro para adentrarnos en la Costa de la Muerte, un paisaje duro, pero bellísimo.

Aquel noviembre negro del 2001 trajo la negra sombra a esta costa dura pero hermosa, que surcan a diario los mas renombrados marinos de esta Tierra... La tragedia convirtió el Paraíso en una catastrófica zona cero, que año y medio después, ha recuperado –en su mayor parte- el esplendor.

 
Le llamamos Costa da Morte por su perfil litoral inhóspito y abrupto. Por sus naufragios y su mar enfurecido. Y ese nombre poético se convirtió, de repente, en una triste realidad en noviembre de 2002, cuando la marea negra del Prestige envolvió esta costa en un sudario. Una costa que vuelve a ser la patria de la vida. Como ya lo era y tantas veces se lo hemos contado nosotros desde este programa.
La marea blanca de la solidaridad levantó el luto y devolvió al mundo un paisaje único en Europa. La franja litoral que comienza en Monte Louro hasta Camariñas fue durante muchos meses la ?zona cero? que abría telediarios y ocupaba las portadas de los periódicos en todo el planeta. La pesca y el marisqueo son los motores económicos de un territorio de gran potencial turístico al que todavía no se le ha sacado partido. El zarpazo de la tragedia se sintió, entonces, como irreversible. Desde hace unos meses los marineros vuelven a faenar. Aún es pronto para hacer balance, pero apuntan datos.
Las gentes de la mar conocen palmo a palmo esta costa y nadie como ellos para definir la situación presente.
Está a la vista y cualquiera puede venir y comprobarlo. En su vuelta a la vida, la Costa da Morte merece mostrarse al mundo. Enseñar sus playas, que a punto del verano, se llenan de gente ávida de sol después del invierno. El panorama a principios de junio, eleva el optimismo para afrontar la temporada estival.
Quizá se ha desarrollado una nueva sensibilidad hacia la Costa da Morte. Acuden visitantes por primera vez, movidos por la curiosidad, muchos para descubrir in situ el nuevo aspecto de lugares que sólo han visto por televisión. O en fotografías que enseñaban un paisaje de ciencia-ficción. Lo que ven ahora no es prácticamente el estado anterior a la catástrofe.
Los habituales regresan, y los recién llegados se rinden a la fascinación de estos lugares en los que el viento sopla más fuerte y el mar no perdona, pero, una vez más, hace emerger a la vida.


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