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LA SIERRA ES UN MIRADOR.

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Subimos a los altos montes para descubrir toda la belleza de la sierra del Barbanza.

Antes de acercarnos a la Pobra do Caramiñal, tomamos altura para descubir su configuración urbana. Desde el mirador de A Cutora, en días excepcionalmente claros, se puede ver desde Finisterre hasta Santa Tecla en la Guardia. Lo habitual es poder admirar la ría de Arousa y la de Muros – Noia.

 
Desde quinientos metros de altura, la ría de Arousa luce majestuosa. El mirador de A Curota es cita ineludible en nuestro paseo por el Barbanza. Al borde del mar, alternativa a los días de sol y playa, nos ofrece un atractivo recorrido en el que se entrecruzan tradiciones religiosas, insignes figuras de las letras y otras sorpresas que, juntos, vamos ya a descubrir.
Empezamos el viaje destapando los restos de una antigua aldea abandonada. La naturaleza se ha ido abriendo paso entre la piedra. Fuerza latente y silenciosa con un objetivo claro: la conquista definitiva de un espacio único que pronto, quizás, desaparecerá bajo un manto verde.
Aldeavella tiene dueños, aunque los años han difuminado el concepto de propiedad. La vegetación es hoy en día señora de casas y molinos. Sus dominios llegan hasta el río Pedras. Testigo mudo de una victoria digna de un César.
Estos muros son también el inicio de una ruta con premio final. Por estos senderos caminaron hace cientos de años las huestes romanas. De la ocupación apenas quedan vestigios. El más destacado: el puente de la Miserela.
Siguiendo el curso del Pedras, llegamos a las pozas. Piscinas naturales que el río ha ido labrando a los largo de los siglos. Empapados de verano nos sumergimos en aguas cristalinas que se deslizan sobre rocas milenarias.
Con el frescor del agua impregnado aún en la piel sentimos la llamada del viento. Un recorrido distinto nos espera: la subida a un balcón que se abre sobre las rías gallegas. A Curota es un reto para el visitante.
Este peto de ánimas es el primero en recibirnos. Nos sorprenden tantos obsequios y nos enteramos de que a esta Cruz de Moldes vienen embarazadas de toda la comarca para pedir a la Virgen que sus hijos nazcan sanos.
Una presencia nos acompaña ahora. Con nosotros asciende un espíritu libre y esperpéntico. Ramón María del Valle Inclán no quiere perderse la cita con las tierras que le vieron nacer como hombre y crecer como escritor. Desde el alto de A Curotiña, orgulloso anfitrión, nos muestra toda la ría de Arousa. Ribeira, O Grove, A Illa o A Pobra, que visitaremos más tarde.
Desde aquí entendemos también por qué estas tierras son mundialmente famosas por su gastronomía. Las gentes de Arousa han sabido aprovechar la riqueza que les brinda el mar. Docenas de bateas construyen formas caprichosas sobre el agua. Por debajo intuimos la vida en ebullición. Dejamos al Marqués de Bradomín, absorto de mar y sol y buscamos cumbres más altas. La sierra del Barbanza está poblada de caballos. Son moradores tranquilos que conocen bien estos montes. Nos permiten observarlos mientras su vida discurre. Su indiferencia nos recuerda que aquí nosotros somos los extraños. Son libres pero no salvajes. Cada mes de julio se celebra un curro para marcar los ejemplares.
Seguimos la ascensión hasta ese sombrero de un sólo pico que nos promete vistas aún más impresionantes. A Curota presume de ejercer señorío sobre gran parte de la costa atlántica gallega. En los días más claros ni siquiera las Islas Cíes escapan a su control. Hoy están firmes y dispuestos Monte Louro al norte y las Ons al sur.
Estos montes tienen otros habitantes que también merecen nuestra visita. Animados pero inertes, desde sus 30 metros de altura nos miran orgullosos. Pies bien asentados en la tierra y cabellos ondeando al viento. Un viento que a partir de 20 kilómetros por hora ya es capaz de producir electricidad.
La comarca del Barbanza es una de las zonas más aptas de Galicia para el aprovechamiento de la energía eólica. Divididos en dos parques, los 87 aerogeneradores registraron el año pasado más de 2.600 horas de producción. Energía limpia que puede llegar a abastecer a una población de 18.000 familias. Pero el viento es caprichoso y sopla cuando y como quiere.


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