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Ares, la Ría de Plata

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Ares ofrece hermosas playas, reconocidos monumentos y pueblos pintorescos.

Cabe destacar el enorme atractivo turístico que convierte a Ares en foco de veraneo. Las bellas playas como las de Seselle, Raso y Chanteiro , tienen una buena infraestructura hotelera para acoger a los afortunados visitantes. Es de visita obligada la preciosa villa de Redes donde se puede observar uno de los conjuntos de arquitectura popular marinera mejor conservados de la costa gallega.

 
Cuenta una vieja leyenda que una sirena nadaba por la Ría de Ares. Mujer de belleza legendaria y cola de pez con escamas de plata. Quizás algunas flotan aún entre las aguas o se han anclado en el fondo, otorgando ese brillo especial a este mar.
Su recuerdo nos guía en nuestro recorrido por la costa, desde el punto donde el Eume se vuelve Atlántico hasta Chanteiro, donde la Ría de Ferrol nos sale al encuentro.
Nos encontramos en el centro del gran puerto de los Ártabros, que asombró a los geógrafos grecolatinos por su amplitud y abundancia de refugios naturales. Hoy se ha convertido en un territorio primordialmente marinero y turístico. Estas aguas, que dan de comer a muchas familias, son también el mejor reclamo para los visitantes.
Su puerto de bajura es uno de los más importantes de la zona. Más de treinta embarcaciones se enfrentan a diario a la difícil tarea de desafiar a Neptuno. De ellos destacamos los cuatro hermanos mayores, que sobrepasan las 20 toneladas.
La villa de Ares ocupa una situación privilegiada en el fondo de una ensenada discretamente protegida del mar abierto.
A lo largo de los siglos ha sido lugar de acogida para diversas civilizaciones y pueblos. El barrio judío nos recuerda una parte importante del pasado de la villa. Huyendo de la persecución de los Reyes Católicos, se establecieron en el barrio de O Porto para trabajar en el comercio de sal. Echar la vista atrás nos permite comprobar que los romanos también dejaron constancia de su paso, como nos recuerda el puente de la Ciscada. Se dice además que el antiguo camino empedrado que venía desde Pontedeume y seguía a Mugardos era una vía romana.
En seguida hablamos de las playas, la mayor riqueza del municipio, pero hagamos antes un recorrido por algunos de los monumentos que exigen una visita. Nuestra primera parada es la ermita de Nosa Señora da Mercede. De estilo románico tardío, perteneció a un convento de franciscanos. No desmerece en nada la Iglesia de Santa Olalla de Lubre, que mezcla los elementos renacentistas con el estilo gótico. No olvidamos tampoco San Vicente de Caamouco, construida sobre una planta de cruz latina en el siglo diecinueve.
Vamos ahora sí a probar esas aguas cristalinas que surcaba nuestra sirena. El primer chapuzón nos lo damos en Chanteiro, playa ventosa de arena dorada y fina. Esta sombra nos tienta, pero vencemos el sueño con algo de deporte.
La curiosidad nos lleva ahora hasta Seselle. Este inmenso arenal de un kilómetro de longitud invita a un buen baño… o simplemente a tumbarnos y disfrutar del mar.
Ares ha sido dotada de multitud de playas y pequeñas calas. Lugares para olvidar el peso de la rutina y perderse durante unas horas. La última que visitamos hoy es El Raso. Muy familiar, su principal atractivo es el camping, situado justo a pie de playa.
Nuestra visita no estaría completa sin un paseo por Redes, uno de los puertos pesqueros más pintorescos de las Rías Altas. La falta de terreno llevó a sus vecinos a una llamativa distribución del espacio. Sus casas están a la misma orilla del mar, mecidas por las olas. Pero, sin duda, lo que más nos llama la atención es el uso del umbral como embarcadero. Redes no ha perdido su espíritu marinero, aunque viva en su mayor parte de la industria naval. Los barcos son hoy de recreo y la pesca es deportiva pero sigue atrayendo veraneantes que, incluso, deciden quedarse.
Gonzalo ha encontrado en Redes su lugar de descanso, pero son miles los que eligen esta Ría de Ares para pasar unos días al margen del mundo.
La tranquilidad que destilan estas calles es importante, pero no olvidemos que estamos en Galicia y aquí no hay aldea, pueblo, villa o ciudad sin fiesta grande. Una vez al año las flores se rebelan en Ares y cubren las calles en una manifestación de color. La fiesta con más tradición en la villa, el primer fin de semana después del Corpus, es también la más popular. El pueblo entero dedica semanas a la recolección de flores por los jardines y casas de toda la comarca. Durante horas robadas al sueño, a la playa o al trabajo, grandes alfombras van tomando forma y ganando terreno al pavimento. Una victoria efímera que quedará en el recuerdo tras la procesión del domingo.
La caída del sol nos otorga un momento de reflexión. Rememoramos todo lo que ha dado de sí la visita a esta ría de plata. Disfrutamos de sus gentes, de la brisa marina y de la deliciosa gastronomía. Y comprobamos que el día no acaba a la misma hora para todo.


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