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Desde Galicia Para El Mundo llegamos a Barro, zona de excelentes vinos y mejores paisajes.

Barro tiene todo a mano: los balnearios de Caldas a 8 kilómetros. La capital de la provincia, Pontevedra, a 12. Santiago, la capital de Galicia, a 45. Y el mar, las Rías Baixas, a 14 kilómetros.

 
Ocupa una superficie superior a los 38 kilómetros cuadrados en los que residen algo más de 3.500 habitantes, repartidos por 6 parroquias. La condición de ayuntamiento de interior, hace de Barro un enclave natural de singular belleza, marcado por el verde de sus montes y prados, todos ellos de gran fertilidad.
Este municipio está llamado a convertirse en zona residencial, y por ello en los últimos años se han construido numerosas viviendas y hay en proyecto más de cien. En la revitalización de este ayuntamiento influyen tanto su posición geográfica, de la que ya les hemos hablado, como sus condiciones naturales y su excepcional clima.
La economía es dependiente del desarrollo industrial de Pontevedra y Vilagarcía, pero se han iniciado tres grandes proyectos de nuevo suelo industrial para la zona. Así ya está en marcha la construcción de polígono industrial Barro-Meis, Outeda. Y se han aprobado también los de Caeiro y Sequeiros, que limitan con Pontevedra.
Además la agricultura también está presente en el municipio, para el autoconsumo, excepto en lo relativo al cultivo del vino.
El magnífico clima logra que estas tierras sean generosas en el cultivo de un buen albariño, que propicia la buena materia prima.
Así en 2003 aparecía la primera bodega de vino albariño del ayuntamiento, que embotellaba ya por aquel entonces más de 20.000 litros. Y este verano se sumaba a este arte del buen vino una generación de viticultores, 11 en total, que juntaron sus tierras, más de 5 hectáreas de viñedo, para sacar al mercado su primera producción de vino.
Uva 100% albariña, acogida a la denominación de origen Rías Baixas.
Está claro que en otro tiempo vivió de la agricultura , se ve en sus tierras verdes y parceladas y también en la arquitectura popular que se conserva.
Como este hórreo del año 1844 en el que todavía se guarda cuidadosamente el grano de maiz.
Además no pueden olvidarse de sus orígenes, y es que Barro tuvo presencia castrexa, como se puede apreciar en este castro de Sete Fontes, que se remonta al siglo uno después de Cristo, un emplazamiento en el que convivieron por aquel entonces hasta 1.000 personas.
Fue una época en la que, a pesar de pertenecer a la Edad de Hierro, el ganado era símbolo de prestigio y riqueza. Ahora, con el propósito de recuperar el valor patrimonial e histórico del también conocido como yacimiento de A Chan de Monte Güimil, un grupo de arqueólogos inició una campaña durantes lo meses de verano.
Como ven, además de años de vida Barro tiene mucho que ofrecer a los que se acerquen hasta aquí.


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