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Por las Rúas de Compostela

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Santiago intra-muros.

Santiago ha vivido intra muros hasta la segunda mitad del XIX, cuando se extiende por los terrenos que , aún hoy, se conocen como el Ensanche. La antigua muralla tenía siete puertas que marcan los límites de la ciudad histórica, la monumental Compostela que le proponemos recorrer.

 
Entonces recibirla como un regalo de las hadas, si cree en ellas; y si no cree, como regalo de aquel espíritu a quien se agarra su alma para no volverse loca. Sólo en el caso de que no crea en el espíritu, debe acudir a la ciencia: pero entonces jamás entenderá Compostela. Son las palabras que el ilustre escritor Gonzalo Torrente Ballesterdedicó a Santiago para describir su misterio y su encanto. Y razón tenía.
El trazado de Santiago de Compostela es el típico de la ciudad amurallada, nacida por y para la Catedral.
En el Códice Calixtino están descritas las siete puertas de la ciudad: porta Faxeira, porta do Camiño, la de la Pena, la de las Huertas, la de Mazarelos.
La primera es la del camino francés y que hoy delimita bien el ensanche de la Ciudad con la zona vieja.
Otra, la única que se conserva, es la de Mazarelos, por donde el vino entra a la ciudad y, según dicen, donde su calidad mejora al repicar las campanas basilicales.
Desde que el peregrino se asomaba a cualquiera de las puertas, la urgencia de la visita al sepulcro se incrementa, pero el caminante puede hacer el viaje, una etapa más del camino, por las hermosas calles de Santiago.
Podemos empezar por la plaza del Obradoiro. La impresionante plaza se abre inmensa, casi sobrecogedora. Rodeada de magníficos edificios que resumen mil años de la historia y de la arquitectura de la ciudad. El colegio de San Jerómino, el Pazo de Raxoi y o el antiguo Hospital Real se miden de frente con la Fachada del Obradoiro, la principal de la Catedral que sin duda es la gran protagonista de esta plaza a la que da nombre.
Sin duda aquí nos sentimos en el corazón de Santiago. El Obradoiro es plaza de plazas. Y las plazas que rodean la catedral conforman espacios de fuerte personalidad dentro del entramando compostelano.
Tenemos la de Platerías, llamada así por albergar tradicionalmente al gremio de plateros. Es un prodigio de finura. Incluso Otero Pedrayo le encontró cierto carácter Veneciano y a Lorca su fuente de los caballos le inspiró el poema “ Danza la lúa de Santiago”. No es de extrañar, pues de cerca o desde una de las quince escalinatas no es difícil dejarse hipnotizar por sus largos chorros de aguas cantores.
Habitada por la magia de todo tipo se abre ante nuestros ojos la plaza de la Quintana, o de los Literatos. La casa de la Parra, la de la Conga, el convento se San Paio, o la torre de la Berenguela son algunos de sus tesoros. Pero sin duda, el mas preciado se encuentra en la parte oeste: la Puerta Santa o del Perdón que solo se abre en año Santo.
El gremio de azabacheros se agrupaba antiguamente entorno a la entrada norte de la catedral. A esta plaza se llega desde la Quintana por la vía Sacra desde Cervantes si se hace el ortodoxo camino de Santiago. Es un espacio completamente condicionado por el convento de San Martín Pinario, la puerta catedralicia de este lateral y por el hermoso arco del palacio arzobispal de Gelmírez. Cervantes, Casas Reais o el Toural con su fuente, los soportales o el Pazo de Bendaña, son otros lugares en los que vale la pena detenerse.
Desde la catedral, desde la plaza de Platerías, arrancan dos rúas bien características de Compostela, a Nova y la del Vilar. Ambas tienen grandes tramos asoportalados que engalonan sus calles y que también cobijan del agua al caminante en los días de lluvia. Aunque dicen que en Santiago también la lluvia es arte de la que hay que empaparse.
A rúa Nova, que aunque nueva según su nombre ya existía en el siglo XVII, nos deleita con hermosas casas barrocas y neoclásicas. Es una calle señorial, recatada y durante muchas horas de día, silenciosa. La del Vilar es más animada, con paseo y comercio de todo tipo. Otra calle de las más típicas es la del Preguntoiro, por ella, cruzando junto a la Universidad se llega al tradicional mercado.
Los trazados de las principales rúas de la parte vieja se pierden en le Edad Media, pero sin duda una de las más características, entrañables y bulliciosas es la del Franco.
Sale desde la puerta Faxeira y llega al Obradoiro con toda su fuerza. Es calle estrecha, gelmiriana y hoy también vía de tazas y suculentas raciones.
Pero el que se acerque a Compostela debiera conocer todas sus rúas, las Algalias, Casas Reais, San Pedro, as Hortas, la empinada rúa Gelmírez, a Troia.
No debiera dejar ninguna. En todas descubrirán algo nuevo, algún pequeño secreto, un simpático detalle o un especial aporte de arte, de don de gentes, de la rica gastronomía o de la mejor artesanía.


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