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EL MAR DEL TESORO

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Desde Vigo encaramos la ría hasta Redondela.

La ría se estrecha en Rande, atravesada por el puente que,aún hoy, es uno de los símbolos de la Galicia moderna. Esta ensenada guarda el recuerdo de la Batalla de Rande en 1702 con la leyenda del Tesoro de Indias oculto bajo estas aguas. Este mar esconde otras riquezas de las que dan fe las bateas donde se cultiva el mejillón mas sabroso. Junto a él chocos, ostras, rodaballos y pulpos.

 
La Ría de Vigo oculta más de lo que muestra. Sus generosas aguas dan cobijo a riquezas de leyenda y a otras mucho más tangibles.
Hace más de trescientos años tuvo lugar aquí una batalla que ha llevado el nombre de Rande por todo el mundo. La armada española fue saqueada y hundida por ingleses y holandeses en busca de un botín llegado de América. Los hechos históricos se han fusionado con cuentos y leyendas para depositar bajo este mar el más fabuloso tesoro jamás visto.
Más de veinte empresas de rescate se han sucedido desde entonces con más o menos éxito, incrementando aún más si cabe, la fama de Rande.
Las historias de tesoros hundidos son en un noventa y nueve por ciento patrañas o engaños, dijo en una ocasión el comandante Cousteau. Quizás ese escaso margen para soñar esté bajo estas aguas, o quizás, las riquezas de Rande se las haya llevado todas el capitán Nemo.
Mito o realidad, lo cierto es que la Ría de Vigo no necesita de galeones hundidos para cotizar en los mercados más exigentes. Cerca de seiscientas cincuenta bateas sacan lo mejor de este mar. De ellas, la gran mayoría se dedican al cultivo del mejillón. Cuidados exquisitos y muchas horas de trabajo sirven para dar vida a este preciado bivalvo. Junto a él, comparten mareas ostras, rodaballos o pulpos.
Un crecimiento económico, en ambas orillas, que debe mucho a este Puente de Rande que lleva ya veintidós años haciéndonos compañía. Símbolo de modernidad, conexión fundamental del Eje Atlántico y a la vez elemento paisajístico en sí mismo.
Rande es puerta de paso a la ensenada de San Simón, con la isla de su mismo nombre fondeada en el centro. Cantada por el juglar medieval Mendiño son en realidad dos: San Simón y San Antonio, unidas por un hermoso puente. Antiguo centro monástico fue prisión durante la guerra civil y hoy en día ha vuelto a la vida cultural tras la rehabilitación llevada a cabo por el gobierno gallego.
San Simón pertenece a Redondela, y con ella esta playa de Cesantes que recorren a diario más de doscientas mariscadoras. Cubo y rastrillo en mano comparten agua y arena con bañistas que llegan atraídos por la belleza del entorno y la quietud del mar.
Redondela es atlántica en sus quince kilómetros de litoral, pero también es villa pujante a medio camino entre Vigo y Pontevedra.
Ciudades a las que la unió en su día el ferrocarril. Hasta tal punto ha sido importante esta infraestructura para Redondela que los puentes que la atraviesan se han convertido en su símbolo de identificación.
Villa con múltiples caras, es marinera, con un importante puerto de bajura. Pero Redondela también es urbana y le gusta disfrutar del sol, salir a la calle, pasear y esperar que llegue la noche.
Y este año, como toda Galicia, es Xacobea, pues por Redondela pasa el Camino Portugués. Este albergue ha triplicado ya en lo que va de año las cifras de peregrinos de todo 2003. Gentes que llegan y se van en busca de algo difícil de explicar pero sencillo de compartir.


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