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Parque Natural do Invernadeiro

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El parque destaca por su riqueza faunística, botánica y un enorme interés geomerfológico y paisajístico.

Desde Laza y volviendo sobre nuestros pasos hasta Campobecerros, nos adentramos en los espacios protegidos del Invernadeiro . Espacio natural protegido de carácter montañoso con altitudes entorno a los 100-1600 metros destaca pos su riqueza faunística, botánica y su enorme interés morfológico y paisajístico.

 
Siempre hay una buena razón para detenerse en Laza. Desde este envidiable paraje, donde reina la tranquilidad y donde la prisa del tiempo se detiene, nos dirigimos a los Montes del Invernadeiro.
Para ello desandamos parte del camino, hasta Campobecerros, sin duda la puerta de entrada a este espacio natural protegido en régimen general desde 1989 y que desde hace 6 años cuenta también con la categoría de Parque Natural.
Se trata de un total de 5.700 hectáreas de alta montaña, formada por las Sierras de San Mamede, Queixa, Manzaneda y el Fial das Corzas.
Aquí, las altas montañas cubiertas de pastos, muestran su máximo explendor, hasta casi fundirse con las riberas de los ríos, donde ceden galantemente el protagonismo a los bosques y a los soutos fluviales en los que la vida se apresura sorprendentemente.
Este antiguo señorío feudal de nobles y eclesiásticos tiene una historia que contar que arraca en la época romana. Por aquel entonces ésta y muchas otras superficies de similares características fueron sometidas a una explotación aurífera por el sistema romano denominado derribium montium.
Pero a pesar de estas actuaciones, el Invernadeiro es una excepción histórica dentro de la dinámica seguida por el sistema agrario gallego. El no haber sufrido divisiones territoriales desde la Edad Media, ha logrado que su estado de conservación natural sea superior al que se produjo en otras zonas de la provincia ourensana y en toda Galicia.
Es una sierra llena de vida y de futuro. Aquí y allá, nos encontramos con oscuras y dispersas manchas de pinares que recuerdan el que fue el árbol predominante del pasado.
Pero es el carácter mixto de su clima el que le da un gran interés a su vegetación. Por un lado, la presencia de bosques de carballo y roble albar, especies típicas del clima continental. Y por otro lado tenemos también presente el clima mediterráneo. Testigo de ello es el roble melojo, el acebo, el tejo o el endrino.
Con tanta variedad es lógico que la fauna tenga aquí su hogar, el entorno idóneo para crecer y adaptarse al medio.
El lobo es el depredador por excelencia de estas sierras y que por lo tanto el que somete a un control natural de crecimiento a las poblaciones de corzo y de jabalí, ejemplares de las especies cinegéticas de caza mayor con más posibilidades de expansión en lo que al macizo central ourensano se refiere. También es destacable la presencia de especies como ciervo, la liebre, la perdiz; incluso dos parejas de águila real utilizan este lugar como zona de campeo.
La riqueza natural tiene bien arraigadas sus raices en este espacio, cualquier momento es bueno para contemplar un brote de frescura, las montañas se dejan acariciar sin contemplaciones por los rios de la vida y las arterias de esta tierra. El ríoTámega y el Cabras se encargan de dispersión hidrográfica del Parque hasta que sus aguas llegan a las cuencas del Duero y del Miño.
Y como todos los tesoros, este hay que guardarlo cuidadosamente para que no se pierda. Por eso, se han establecido unas normas de funcionamiento dentro del Parque. Por ejemplo el uso de su aula de naturaleza, en ella escolares y excursionistas pueden conocer más de cerca un espacio protegido a través de las actividades didácticas que se organizan, o participando en una de las rutas con las que cuenta este enclave. Ruta de la ortiga, la del depósito, la de las truchas, la del agua y la de la acebeda.
Sierra, parque, agua, rutas, fauna... en definitiva, belleza y riqueza natural, una cita indispensable e ineludible en tu cuaderno de viajes.


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