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De Baleira a Castroverde

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Una vez mas les asombrará el paisaje único de la montaña lucense.

Abandonamos Cádavo y tras subir la fuerte pendiente de la sierra de A Vaqueriza nos dirigimos a Vilabade, uno de los lugares mas emblemáticos de este trayecto. Nos detenemos para admirar la Iglesia de Santa Maria, declarada monumento nacional. Nuestra etapa finaliza en Castroverde un pueblo señorial de la Casa de los Lemos cargado de belleza natural y de interés histórico.

 
Pocos son los kilómetros que separan ahora el inicio y el final de nuestra próxima ruta.
Un camino corto en distancia pero largo si se trata de las líneas de historia que recorre.
Después de reponer fuerzas en el albergue de O Cádavo, el caminante cruza la plaza principal para abandonar el pueblo.
Un camino de lo más agreste y solitario nos guía por Pradela, uno de los pasos obligados para llegar a Castroverde.
Después de subir una fuerte pendiente, al fin estamos en el punto más alto, la Sierra de a Vaqueriza. Se percibe serenidad en el ambiente y huele a aire fresco.
Sin duda, este punto, también límite físico entre municipios, es el enclave preferido por muchos de los vecinos para admirar el valle.
Resulta difícil perderse aunque la orientación propia nos traicione, pues se ha cuidado de que el Camino Primitivo de peregrinación, el utilizado por los primeros devotos, llegados del naciente reino de Asturias, se guarde bien señalizado.
Seguimos el Camino tras las huellas de otros que han cruzados estos largos senderos verdes. Una gran Carballeira es nuestra próxima parada. Ahora, sin las dibujadas hojas de sus árboles, queda al descubierto su más preciada joya. La ermita del Carmen. Se trata de una capilla, una importante construcción barroca, que entre otras, es lugar de romería.
Pocos pasos nos separan de Vilabade, la desaparecida comunidad franciscana. En esta pequeña aldea, se alza la Iglesia de Santa María. Por su belleza se la conoce popularmente con el nombre de “A Catedral”. Esta fina perla llegó tarde para ser gótica y temprano para considerarla renacentista. Declarada monumento nacional en el 1979, ha sido definida como estilo ojival tardío. Una única nave de planta rectangular dividida en tres tramos y una espectacular cubierta abovedada, son el cuño del fabuloso arte gallego.
Su interior también nos atrae, y en parte, la culpa la tiene el retablo realizado en madera de castaño que preside el Altar Mayor. La imagen de la Virgen María ocupa el espacio central. Y coronando el retablo aparece Santiago Matamoros en una imagen posterior al conjunto.
Vilabade está a las puertas de Castroverde, un pueblo señorial de la Casa de Los Lemos. Primero fueron los Lemos y posteriormente los Altamira los que ocuparon la que fue una de las fortalezas más importantes de la provincia. Este antiguo y famoso castillo muestra la importancia que debió tener en otros tiempos.
Fortaleza y mansión, el castillo está emplazado en la cumbre de la colina. Desde aquí desafía al tiempo y perfila la silueta del caminante que se acerca a visitar lo único que quedó en pie de la Torre.
Pero su interés histórico no acaba aquí. Casonas antiguas y escudos heráldicos nos recuerdan que esta fueron tierras señoriales.
No más de 3.000 habitantes viven hoy aquí y la gran mayoría testigos, seguro de los mercados que se realizan en el campo de la feria. Una gota de cultura y de tradición la aportan los pendellos, donde se venden los productos agrícolas y ganaderos de la comarca.
Y sólo nos queda visitar su iglesia parroquial. La figura de Santiago Matamoros que unos cuidan y otros visitan, es el último homenaje que hacemos por el momento a este Camino de Peregrinación, al Camino Primitivo.


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