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Camino de Vilalba

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Bellos paisajes, en los que ríos y vegetación se conjugan para sorprender al viajero

El próximo trayecto de este Camino del Norte, que nos llevará a Vilalba, es un camino bajomedieval que sale de Mondoñedo por la calles Fonte Vela y Regueira para ascender hasta San Caetano por Valiñadares y Mariz. Sigue por la Terra Cha atravesando paisajes de gran riqueza agrícola y ganadera hasta Vilalba, capital de esta comarca, con un albergue de peregrinos y afamada gastronomía.

 
Hasta nuestra próxima parada aún queda bastante, así que debemos abandonar Mondoñedo con fuerzas renovadas. La que dejamos atrás es una postal que quedará grabada en el recuerdo, pero en esta ruta hay, sobre todo, buenos paisajes. Al pasar el alto de San Caetano, el camino discurre por el fondo del valle de Valiñadares. Por cualquiera de los lugares de Casavella, Pacios o Lousada, la vista del valle es magnífica. Todo es tranquilidad y respiro. El Camino del Norte sorprende a cada paso, cada tramo es más bonito que el anterior y merece muchas paradas. En Abadín estamos en plena Terra Chá. Una inmensa superficie plana, a veces con suaves ondulaciones, perfecta para el ganado y los cultivos. Y casi nos sentimos paseantes en medio de tanta dulzura.
Nos detenemos en la iglesia de Santa María, medieval y románica, muy bien cuidada. Muy cerca llama nuestra atención el cementerio, mejor dicho, las cruces, de inspiración gótica. No dejaremos de encontrárnoslas, porque está es una tierra de canteros, los canteros de Román.
A la tradición cantera de la zona le agradecemos también “a Ponte Vella” de Martiñán, que ha sido reformada hace poco. Su aspecto actual corresponde al siglo XVII, pero en la Edad Media ya existía un paso sobre el río Batán sobre el que discurría un camino real.
Por el mismo camino nos encontramos con la iglesia de Goiriz, a las puertas de Vilalba, la capital de la Terra Chá. Y otra vez, no podemos apartar la vista de esas cruces que ponen un acento de melancolía en nuestra ruta.
Vilalba nos recibe en un día muy soleado. La gente sale a la calle, a tomar el aire en la Alameda. No podemos olvidar probar el queso de San Simón, una delicia gastronómica, ligeramente ahumada, que coexiste pacíficamente con la otra especialidad vilalbesa: el capón. Callejeando haremos una visita a uno de sus símbolos, la Pravia, este árbol centenario que luce estupendo en pleno centro. El otro está muy cerquita. El Torreón medieval es ahora Parador de Turismo. Pero formó parte de toda una fortaleza propiedad de los Andrade que ya existía en el siglo XI. Luego pasaría a manos de los Lemos y por último a la Casa de Alba hasta su estado actual. Y aunque uno sea peregrino bien podría darse un homenaje para transportarse de época. O aunque sólo sea por contemplar la villa rendida a nuestros pies desde lo alto del Torreón, que llega a ser un espectáculo con la caída de la tarde.
Pero hay que cumplir con los rituales, así que esta noche la vamos a pasar en el albergue.


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