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El Camino Inglés, la Ruta del Mar

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El camino elegido por los peregrinos-navegantes del norte.

Originariamente las embarcaciones que partían del Golfo de Vizcaya, del Canal de la Mancha, del Mar del Norte y del Báltico llegaban a Burgo de Faro. Tras la fundación de A Coruña como villa en 1209, ésta se perfila como puerto al que llegaban las naves de peregrinos. La ruta sigue el trazado del Camino Real entre Santiago y A Coruña. Hoy nos detendremos en Bruma para encontrarnos con el tramo que, procedente de Ferrol ,bordea la ría hasta Betanzos.

 
Ingleses, irlandeses, bretones y escandinavos, peregrinos del norte de Europa, recalaban en el Burgo de Faro, al fondo de la Ría de A Coruña ya en el siglo XI. La fundación de la villa en 1209 confirmó la ruta a Santiago desde la ciudad, cuyo puerto era el único autorizado para emprender el regreso. La inseguridad de la ruta marítima favoreció el auge de los caminos terrestres, aunque unos pocos lobos de mar y entusiastas de la navegación sigan izando sus velas hacia el puerto de A Coruña.
Una vez en la ciudad, hay que hacer paradas obligadas. Una de ellas es ante la iglesia de Santiago, en la ciudad vieja. No está de más pedir la protección del Apóstol, aunque ya no hay más peligros en ruta que el cansancio físico o una climatología demasiado adversa.
Bajando la calle de Santiago, el peregrino hará lo que todos: estudiar el reflejo del sol de ultramar en las galerías de La Marina.
Si mira hacia la Puerta Real, le llamará la atención el grandioso espectáculo que es la Plaza de María Pita. No podrá evitar detenerse aquí unos instantes, porque tendrá la sensación de ser casi un paseante imitando costumbres antiquísimas. Fijará así en su retina los recovecos de esta ciudad antes de abandonarla para seguir su camino.
Dejando atrás A Coruña, enfilará su ruta por el antiguo camino real, que los peregrinos hicieron suyo para llegar ante el Apóstol atravesando puentes medievales como este en Alvedro.
Si el peregrino es buen andarín, podrá hacer el trayecto a Compostela, 74 kilómetros, de un tirón. No le quedará mucho tiempo para detenerse en los pazos de Drozo y Anceis, pero la existencia de un hospital de peregrinos en Sigras confirma que este era un buen lugar para hacer una paradita. Más que adecuado, la iglesia está consagrada a Santiago. Conserva su estructura medieval, aunque fue reformada en 1600.
Merece mucho la pena desviarse hacia la capital municipal, Cambre, para llegar hasta la iglesia de Santa María y respirar hondo ante su hermosa portada. Se concluyó hacia 1200, lo que explica su estilo románico en transición hacia el gótico. El templo formó parte de un monasterio fundado en el siglo X, rico, influyente y con grandes aspiraciones. Esta iglesia que quiso ser catedral posee una sorprendente girola, elemento típico de las iglesias de peregrinación. Un pasillo que rodea el altar mayor y que en Galicia comparte con las catedrales de Santiago, Ourense y Tui.
Más curiosidades. En Abegondo, el camino pasa por delante de la puerta de una casa que tuvo un ilustre invitado. El rey Felipe II hizo noche aquí de camino a A Coruña para embarcarse camino de Inglaterra.
Y, precisamente, muchos de los que venían de ese país hacían parada en Bruma, un pequeño enclave en el concello de Mesía. El antiguo hospedaje ha dado paso a un albergue de nueva construcción donde se puede concluir esta etapa.


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