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La Ruta Xacobea es Protagonista en Triacastela

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Histórico municipio muy visitado por los peregrinos, durante la Edad Media.

Triacastela ya aparece en el Códice Calixtino como final de la etapa XI de la ruta a Compostela. Hay en esta población numerosos signos Jacobeos como la Iglesia Parroquial, el Antiguo Hospital, la Casa da Pedra, el Mesón do Camiño y la Casa Consitorial. La vida social gira en torno al albergue y a todo cuanto está relacionado con la Ruta Jacobea.

 
Triacastela fue un hito a través de la historia de las peregrinaciones, a cuyas tierras dio más realce Alfonso IX, monarca al que algunos atribuyen su fundación.
Se le dice capital de los tres castillos, aunque no existen restos de ninguna fortaleza. Lo que si caracterizó desde siempre a Triacastela son sus tres castros, hecho que vendría a demostrar la distribución de su población desde la prehistoria.
Triacastela sorprenderá al caminante por ser el municipio más pequeño de la ruta y el menos habitado. Y por ser además el único que prácticamente vive de la tradición Xacobea.
Si tres son los castros que la conforman, también al menos son otros tres los ríos que la bañan con delicadeza. El Oribio, conocido también como el Sarria, el Balsa y el Santalla: al paso de cualquiera de ellos descubrimos espacios tan hermosos y singulares como estos.
Alguien, con criterios ya modernistas, llamó a Triacastela ?Perla del Oribio?. Alimenta una fértil vega, bien regada y guarnecida, con rincones verdes donde todavía crecen especies autóctonas. Como autóctonos son los rasgos de algunos de los pueblos que salpican este paisaje de montaña. O Breixo fue antiguamente el centro neurálgico de Triacastela. Hoy es guarida de descanso y abrigo de las ruinas de la que parece ser fue la más antigua de las capillas de la zona.
No le faltan a la pequeña Triacastela condiciones para aportar al mundo peregrino lo que busca y precisa. Este entorno es una ventana abierta a la serenidad y a los recuerdos. En estas tierras, cargadas de historia y leyenda, se unen los vestigios del pasado, con los caprichos de la naturaleza y el arte que dejaron nuestros antepasados esparcido por las diversas construcciones de interés: la capilla de San Salvador, la iglesia de Santalla.
Pero el vivo ejemplo lo tenemos en la Iglesia de la parroquia de Cancelo.
Este es el centro de reunión de los devotos del Santiago y de Santa Lucia. Dos retablos barrocos flanquean la entrada y nos conducen a un tercer retablo, éste de la época románica y que comparte protagonismo con las hermosas pinturas del altar mayor.
Aquí encuentra el peregrino la deseada paz, haciendo de Triacastela el final de la etapa desde Villafranca.
Esta villa ya aparece en el Códice Calixtino como la undécima etapa del camino de Francés. Cuenta la tradición que cada peregrino llevaba de estas montañas una piedra caliza en su zurrón hasta Santiago para cocer en los hornos de Cal y construir así la catedral del Apóstol.
Triacastela, con el paso de los años se ha convertido en una guía de monumentos Xacobeos. Empezamos por la Iglesia Parroquial, en la que se hace notar la restauración del S.XVIII. Luce en el frente de la torre, los tres clásicos castillos y un enorme campanario.
Según una inscripción, en 1790 se construyó la torre. Tiene ésta 4 cuerpos, los tres primeros de planta cuadrada y el cuarto cubierto con una bóveda hexagonal. En Triacastela todo tiene nombre propio, calles repletas de signos de peregrinación, posadas, la vieja cárcel, el antiguo Hospital, o mismo A Casa da Ponte a la salida del pueblo, donde a parte de comer, los peregrinos podían herrar a sus caballos antes de partir hacia las pintorescas tierras de Samos. Nuestra próxima parada.


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