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El Final del Camino

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La meta final de todas las rutas: El Finisterre de Europa.

Aquí confluyen la seducción de una naturaleza sorprendente, dura e inhóspita en una de las rutas de navegación mas difíciles de Europa, con valores culturales y etnológicos de una comarca en la que el mar es el eje que condiciona la vida y costumbres de sus habitantes.

 
La luz de los faros de la Costa da Morte avisa del peligro de una de las rutas de navegación más difíciles de Europa.
Sin ellos y sin su caligrafía invisible estaríamos perdidos. El Faro de Touriñán, en la salida de Muxía hacia Fisterra, inicia un caminar que nos llevará hasta el faro que ilumina el fin del mundo.
Un modo de vida del que es difícil escapar, tanto como del poder de seducción de esta clase de belleza, dura e inhóspita.
Las iglesias santifican una ruta entregada a la adoración de divinidades paganas. En un marco natural tan estremecedor, el culto a los poderes sobrenaturales es una consecuencia lógica. En la temprana Edad Media se levantó Santa María de Morquintián, de estilo románico rural con reformas del siglo XVIII en la cabecera. La parroquia cobró protagonismo durante la Guerra de la Independencia, ya que su párroco por aquel entonces, encabezó la Junta de Defensa de la zona contra los franceses.
Historias aparte, la iglesia de Santa Leocadia de Frixe es otro interesante templo románico del siglo XII. Fue construido por los mismos canteros artífices de otras iglesias de la zona. La cercanía de Fisterra es palpable. Desde el camino se vislumbra la playa de O Rostro. El Atlántico libre como en pocos lugares da un aspecto salvaje a este arenal que, al igual que toda la Costa da Morte, sobrevive a la tragedia del petrolero Prestige. La distancia entre Muxía y Fisterra es de 31 kilómetros, una jornada de camino. Pero será difícil no entretenerse más de la cuenta, no apartarse de la senda marcada y enredar el tiempo en torno a mil sensaciones.
Conviene, sin embargo, continuar. Pasar por el valle de Duio, donde se asentó la ciudadela romana de Dugium, fortín de la reina Lupa o mansión de un dirigente romano a quien los discípulos de Santiago pidieron permiso para enterrar el cuerpo de su maestro.
Y llegar así a lo que los antiguos creían el fin del mundo. El Cabo Neria de los historiadores griegos y latinos.
Quizá para unir belleza y necesidad, los primeros pobladores de estas tierras las convirtieron en lugares sagrados. Respetaban la naturaleza adorándola para protegerse de la furia de las divinidades. En Cabo Fisterra es imposible no sobrecogerse. La tradición es que los peregrinos quemen sus ropas viejas y gastadas de todo el camino. El espíritu, de paso, se purifica para inundarse de un incendio de emociones como el que llena el cielo y su espejo, el mar que rodea este brazo de tierra envuelto en magia y espumas.


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