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RUTAS NATURALES

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Seguimos el curso del Avia hasta encontrarnos con el Miño y su tercer afluente en importancia el Arnoia.

Al pie del Miño, el Balneario de Arnoia es otro ejemplo de iniciativa turística: un moderno complejo en medio de un idílico paisaje. Desde Arnoia, en Catamarán, seguimos el curso del Miño que sigue regando valles fértiles en donde crecen las cepas del mejor Ribeiro. Aunque, una vez superado el salto de Frieira, no deja de ser curioso que las cepas de Ribeiro dejen paso a las de Albariño.

 
No hay un río igual a otro. Todos corretean revoltosos, todos llenan de frescura este mundo a veces tan gris. Pero, cada uno tiene su personalidad, su tempo, unos se detienen en los recodos, otros prefieren vivir locamente y tener una muerte hermosa.
En esta ruta por la frontera entre Ourense y Pontevedra nos hemos bañado en el Avia , el Arnoia y desde luego en el patriarca, el Miño.
En Ribadavia el Avia tiene mucho que contarle al Miño tras un largo camino, toda una vida. Recorre tres zonas marcadamente diferentes antes de llegar tranquilo a Ribadavia. El Miño sabe todas esas historias, y muchas más, pero escucha con atención.
La vida de este río cobra más sentido en esta época, cuando las viñas se llenan de manos. Pero estas barcas ya no van a transportar más vino, aunque seguro que las aguas del Avia tienen ahora un cierto sabor afrutado, y a lo mejor en sus destellos descubrimos matices granates como las uvas a las que inspira para crecer.
Estamos en el curso medio de un símbolo más que un río. El Miño.
Y él nos conduce en este maravilloso baile acuático de cambio de parejas al Arnoia. Mientras contemplamos como los socalcos del riberio se integran en el río.
Aunque sólo sea un poquito echamos una mirada al discurrir del Arnoia, un río que dicen se embelesa en los territorios que atraviesa.
Galicia comienza a reconocerse en sus aguas, y de esta reconciliación está surgiendo un turismo maravilloso: el termal.
A orillas del Miño en Arnoia hay uno de los primeros balnearios que comenzaron la nueva etapa del termalismo gallego, después de una antigua época de glamuroso esplendor.
No se escatima en detalles para que la estancia sea más provechosa de lo esperado. Hemos relajado nuestro cuerpo, ahora vamos a hacer lo mismo con nuestro espíritu dejándole navegar.
Este catamarán es del ayuntamiento de Crecente , y nos conduce durante más de una hora hacia el gran mar interior en el que se convierte el Miño por el embalse de Frieira. 10 millas nauticas, unos 20 kilómetros en los que olvidamos casi quienes somos ante aldeas encaramadas en lo alto de un cañón, recodos misteriosos, balnearios de otro siglo, o lugares donde dicen que muchos ponían fin a sus penas.
Si descendemos por el Miño llegamos al salto de Frieira, que de regar el ribeiro da sabor al Albariño más delicioso.


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