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LA RUTA DEL MIÑO

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Desde Portomarín una estrecha carretera de montaña nos permite contemplar extraordinarios paisajes.

Los fantasmas de Portomarín y otras pequeñas aldeas sepultadas hace cuarenta años, aparecen ante nosotros, cuando al cauce baja, hasta que el río va cobrando anchura en el embalse de Belesar. Nuestra ruta nos llevará a conocer los municipios de O Sabiñao, Pantón y Sober con abundancia de monumentos románicos, paisajes de ensueño, el famoso Cañón del Miño y las bodegas mas afamadas.

 
Estas piedras tienen mucho que contar. Si pudiesen, hablarían de las gentes que tuvieron que dejar el viejo Portomarín cuando el río cubrió sus casas. De los meses en que baja lleno y poderoso como un manto de olvido. Y de los tiempos de sol. Cuando resurgen bajo las aguas para recibir calor.
Seguir el curso del Miño nos devuelve cuarenta años atrás. No sólo Portomarín se volvió Atlántida con la construcción del embalse de Belesar. Con él se sumergieron aldeas como Ferreiroá. Cuando el caudal del río baja aparece fantasmagórica y eterna. De ella sólo quedan recuerdos, pues nunca fue reconstruida. Sus gentes lo dejaron todo y no miraron atrás.
Seixón también sucumbió a la embestida del Miño. Pero el río no pudo con todo y sus vestigios resisten en pie. Sus habitantes no fueron lejos y aún rememoran su vida anterior desde lo alto. Además las piedras no están solas. Con ellas pervive el último bastión en la lucha a muerte con el río. Viejos árboles con profundas raíces.
El Miño pasa discreto y menudo por estas tierras, pero poco a poco va ganando aplomo. Se reúne en el embalse de Belesar y aquí espera para continuar camino.
Seguir su ruta nos obliga a deleitarnos con el paisaje. A descubrir el cultivo de vides en terrazas, que caracteriza, más que nada, a estas tierras de la Ribeira Sacra.
Estas gentes llevan cientos de años exigiendo el máximo rendimiento a las tierras que lame el Miño. Los vinos de la Ribeira Sacra nacen de un esfuerzo hercúleo. Crecer y vendimiar en estas laderas no es tarea fácil.
Estamos en el ayuntamiento de O Saviñao y para hablar de vino nada mejor que visitar una bodega: la más antigua de la zona, Abadía da Cova. Lleva cerca de cincuenta años funcionando y sus caldos han ganado más premios de los que puede recordar. Este año el sol de septiembre ha favorecido una buena vendimia. De aquí saldrán unas doscientas treinta mil botellas.
Abadía da Cova disfruta además de unas vistas privilegiadas sobre el Miño. Estas tierras inspiran tranquilidad. Y es que el visitante es aquí relajado y respetuoso. Por eso abundan casas y pazos dedicados al turismo rural.
Un breve recorrido nos permite conocer esta de Vilamor. Ideal para pasar unos días al margen del mundo. Nos gusta también la Casa Benaxo y sus siete habitaciones con encanto. Ya en el ayuntamiento de Pantón no podemos dejar de visitar esta casa Da Vila. Nuestro viaje por la Ribeira Sacra pasa también por Sober, donde descansamos en la Rectoral de Anllo. Una opción ideal para el visitante que busca calidad en el entorno y el en trato.
Los múltiples ejemplos de arte románico son otro de los atractivos de estas tierras. En O Saviñao nos sorprende la majestuosidad de Santo Estevo de Ribas de Miño. Fue la iglesia de un monasterio benedictino y se cree que en su portada pudo trabajar el propio Maestro Mateo o alguno de sus discípulos. Su rosetón de cuatro metros de diámetro es uno de los más interesantes del románico gallego.
San Paio de Diomondi es otro de los lugares que merece la pena visitar. Cuenta con una suntuosa puerta que realzan esbeltos fustes de mármol. Fue construida en el siglo doce y ha sido declarada Monumento Nacional.
En Pantón sobresale la iglesia de San Miguel de Eiré, antiguo monasterio fundado en el siglo doce. En su interior alberga pinturas y esculturas de gran riqueza y una pila bautismal que suma más de trescientos años.
La Ribeira Sacra no esconde a quién debe su nombre. Iglesias y monasterios forman parte del paisaje. Como Santa María de Proendos, en Sober. Según algunos historiadores, en tiempos del Imperio Romano aquí debió estar situada la ciudad de Proentia. Hoy en día su principal atractivo son las pinturas murales del Altar Mayor, datadas en el siglo dieciséis.
No encontramos mejor sitio para finalizar esta ruta que uno de los miradores más espectaculares que surcan la ribera del Miño. Cabo do mundo hace honor a su nombre y nos brinda una puesta de sol digna de un césar.


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