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LA RUTA DE LOS MIRADORES.

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El ayuntamiento de Sober propone una de las rutas más interesantes de la Ribeira Sacra .

Conoceremos típicas y bellas aldeas, prioratos, iglesias y ermitas que dieron apellido a la Ribeira Sacra en una de las mas abundantes muestras del románico, los espacios naturales del río Cabe, las bodegas del vino de Amandi e impresionantes miradores que nos muestran toda la belleza de los cañones del Sil.

 
Hace ya muchos años los romanos descubrieron el encanto de estas tierras de
Sober. Dijeron de ellas que debían ser amadas y hoy siguen siendo un lugar con mucho que ofrecer.
Encajado entre cañones, el río Cabe se abre paso hasta el Sil. Desde su nacimiento en el monte Loureira ha recorrido un largo camino. Sus aguas correrán ahora parejas a las de uno de los grandes. Con la desembocadura del Cabe aún grabada en la retina, los caminantes se dirigen hacia su siguiente parada. El mirador de Cadeiras es uno de los más impresionantes del municipio de Sober. Desde él se contempla el cañón del Sil en su parte más estrecha. El paisaje sorprende por su carácter rocoso y abrupto. En algunos puntos llega incluso a alcanzar un noventa y cinco por ciento de verticalidad. Desde él podemos además ver enfrente los famosos balcones de Madrid.
Cadeiras cuenta también con un famoso santuario. Está dedicado a la virgen y fue construido en el siglo dieciocho. Sin duda, lo que más llama la atención es su única torre. La que debería acompañarla no llegó a alzarse por problemas económicos.
La Ribeira Sacra debe gran parte de su personalidad a sus vinos. Caldos que aquí en Sober llevan el nombre de Amandi y que se cultivan en terrazas desafiando las leyes de la gravedad. El resultado hay que probarlo en una de las bodegas más afamadas, Adega Algueira.
Esta bodega lleva 24 años trabajando para sacar al mercado el mejor vino, procedente del mejor solar. Fernando entiende que la calidad viene determinada por el trabajo en la vid y por eso mima por encima de todo sus siete hectáreas de viñedos. Adega Algueira elaborará este año cerca de cuarenta mil botellas. La mayor parte de ellas serán de tinto. Y es que aquí el mencía se considera oro líquido.
El vino es para muchos alimento del espíritu. Bien servidos, los caminantes siguen su ruta. Coinciden ya en que nadie exagera cuando habla de la Ribeira Sacra.
Su destino es otro de los siete miradores con los que cuenta Sober. Pena do Castelo ofrece una perspectiva distinta del río. Desde lo alto se dominan todos los viñedos de la parroquia de Doade. Se ve incluso el mirador de Soutochao.
El contacto con las gentes de Sober es una de las mayores satisfacciones que puede tener el visitante. El final ideal para esta ruta está en Gundivós. Tierra de alfareros que trabajan por mantener viva la industria tradicional de olería. Elías es uno de los nuevos alfareros que trabajan para revitalizar esta técnica que es todo un arte.
Con el tiempo, el carácter utilitario de estos objetos ha cedido protagonismo al decorativo. Estas piezas tienen categoría suficiente como para adornar todo tipo de espacios.


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