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UNA CIUDAD PARA PASEAR.

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Pasear por el casco histórico de Ourense supone descubrir una riqueza poco común en tan poco espacio.

La ciudad más antigua es piedra milenaria toda ella. Calles de piedra, fuentes nacidas de la roca primigenia, edificios con personalidad geológica, catedral barroca, iglesias románicas. Joyas arquitectónicas que despertarán un gran interés en los amantes del turismo cultural.

 
A la piedra todo lo sienta bien, sobre todo a la del Ourense perdurable. El plan urban ha dado sus frutos, tras una inversión de 60 millones de euros dividida en varios planes. Este casco histórico permite el plano desde todos los ángulos, sin complejos, lo que no pueden decir otros.
La han llegado a llamar a Ourense la Atenas de Galicia, y desde luego se debe a esta zona, la ciudad antigua, y a los ecos, las huellas invisibles que hay en algunos cafés, en algunas plazas de los artistiñas.
El colador del tiempo se ha quedado sólo con lo mejor, y en su coctelera cabe todo mientras pemanezca el principal sabor.
Nos encontramos con un nuevo logotipo; casco histórico Ourense.
Los pies pisan nuevo empedrado, vedado casi totalmente en cambio a las ruedas.
Las casas han pasado por el bisturí pero conservan sus rasgos.
Todas las tiendas se sienten embajadoras y su estética es muy cuidada.
La belleza es de todos, las barreras arquitectónicas han sido suprimidas.
Un aliciente más para el paseo: parece ser que todo el conjunto histórico es en plano un campamento romano, y claro en la plaza mayor el foro.
Las iglesias han sido remodeladas, y con nuevos accesos.
Otras no necesitan nada para seguir siendo apabullantes. La catedral de San Martiño construída entre los siglos XII y XIII está ya perfecta con elementos de todos los estilos. En su interior de de planta de cruz latina guarda al Santo Cristo venido de Fisterra, y el Pórtico no de la gloria si no del paraíso es un derroche de virtuosismo. Aprovechando la presencia de una exposición del Xacobeo accedemos a una puerta siempre cerrada de la catedral, y a una vista inesperada desde su elevado atrio.
Atravesando la plaza de la Magdalena, ya estamos en otra hermosa iglesia la de Santa María Madre construída en el solar de la catedral sueva del siglo VI.
Al lado, el museo arqueológico aunque ya estamos inmersos en uno, este centro histórico. Hay tres rutas diferentes para visitar las distintas esculturas que acompañan nuestros pasos.
No es la más hermosa, probablemente tampoco la de más valor pero la iglesia de Santa Eufemia excita especialmente los sentidos con su fachada rococó.
La tentación de parar es grande.
Terrazas en cada esquina, en una ciudad vital y vividora. Es difícil escoger porque todas tiene su encanto: el más recogido de la plaza de Eironciño dos Cabaleiros, el más populoso y divertido de la la plaza mayor, en la calle Santo Domingo disfrutando de las últimas reformas, o el más urbano después de las compras en el parque San Lázaro.
No se puede evitar contemplar con reverencia la solemnidad de los edificios. Este Ourense fue eclesiático, fidalgo, pero ha vuelto a pertenecer a quien lo pasea, a quien le quiere, a quien lanza su risa a rebotar en sus piedras.
Un paseo que relaja y cura Cuando comienza a anochecer es más difícil luchar contra nuestra imaginación.
Pero hay matices en las calles, en el juego arquitectónico que sólo las sombras desvelan, los focos, la noche.


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