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VILLA DE ARES.

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La zona turística, por excelencia, de la comarca.

Cabe destacar el enorme atractivo turístico que convierte a Ares en foco de veraneo y transforma la capital durante los meses estivales, además este municipio acoge los fines de semana durante todo al año multitud de visitantes que han elegido esta población para tener aquí su residencia secundaria.

 
Antes de navegar por el mar de los Ártabros, visitaremos por tierra la Villa de Ares.
Acercarse a Ares es aproximarse a la tranquilidad y al relax. Y caminarla es respirar parte de su historia.
Como la que se tejió ya cuando la flota inglesa ocupó la ensenada aresana después de fracasar en la batalla de Brión.
Justamente estos ingleses fueron, con el tiempo, los primeros en veranear en Ares. Esta villa que se estira al fondo de la ensenada es la zona turística de la comarca por excelencia. Así su población se triplica en los meses de verano.
Pero hoy lo que nos ocupa son otras joyas y otras sorpresas que se pueden visitar en los enclaves más dispares de este municipio.
El barrio judío nos recuerda una parte importante del pasado de la villa pero no el único, pues el puente de la Ciscada atestigua la influencia romana por estas tierras de paso entre Pontedeume y Mugardos.
Resulta fácil adivinar las épocas que aquí fueron relevantes con la ayuda sobretodo de la arquitectura eclesiástica: la ermita de Nuestra Señora de la Merced, perteneciente a un convento de Franciscanos, hace más que justicia al románico tardío.
No desmerece en nada la iglesia de Lubre que con mezcla de elementos renacentistas con el estilo gótico, llegó a ser la más relevante del municipio.
Pero en nuestro recorrido no olvidamos otras como la de Cervás, o la de Caamouco que fue construida sobre una planta de cruz latina ya en el siglo XIX.
El Monasterio de Santa Catalina de Montefaro, fundado en 1393 por Fernán Pérez de Andrade, contó con menos fortuna en cuanto a la conservación de la superposición de sus diferentes estilos . Abandonado a raíz de la Desamortización de Mendizábal, pasó a manos del Ejército que posteriormente lo dejó a los cuidados municipales.
Otra muestra de la presencia militar en Ares al igual que en toda la costa Ártabra, son las baterías militares sin duda el mejor eco de un pasado de amenazadoras invasiones.
A cada paso que damos por esta villa de raíces más que marineras, somos fieles testigos de las múltiples fases de evolución, y de cambio en las que se vio inmersa.
Porque Ares crece, y lo hace en mucho de sus ámbitos: en la construcción, en el sector deportivo marítimo y por supuesto en el turístico.
Como ven, se trata de un cúmulo de circunstancias que han propiciado que muchos de los turistas e incluso vecinos de los municipios más próximos hayan establecido aquí su segunda vivienda o la vivienda definitiva, ya desde el Siglo de Oro.
Lo cierto es que no es de extrañar que sean muchos los que decidan quedarse en Ares: compartir un puerto marinero, pasear tranquilo, jugar en la playa incluso en otoño? en definitiva el que aquí se queda, debe prepararse para recibir un fuerte abrazo de bienvenida de este mar de Ártabros.


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