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VACACIONES EN LA RIBEIRA SACRA.

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El grandioso monasterio de Ribas de Sil convertido en hotel - monumento.

San Estebo de Ribas De Sil, ubicado en un lugar de privilegio en plena Ribeira Sacra , cuenta con tres claustros: dos de estilo renacentista y otro con plantas de dise√Īo rom√°nico y g√≥tico. Destacan adem√°s la iglesia construida en el siglo XII con un hermoso retablo y una fachada de extraordinario valor. El devenir del tiempo y sus necesidades de conservaci√≥n lo han convertido en un parador de lujo.

 
La Ribeira Sacra atrae y desprende energ√≠a a partes iguales. Es un espacio generador de equilibrio que tiene en Santo Estebo de Ribas de Sil uno de sus c√ļlmenes.
Hasta aquí llegaron los romanos encandilados por la conjunción de sol, tierra y agua. A estas laderas se retiraron eremitas en busca de sosiego físico y espiritual. Se levantaron cenobios como proyecciones materiales de esa energía que emana del suelo. Y hoy se convierten en paradores que combinan en ideal proporción pasado y presente.
Santo Estebo de Ribas de Sil ha modificado su finalidad pero no su esencia. La espiritualidad que los monjes impregnaron en estas piedras pervive desde el siglo sexto. Los ermita√Īos de estas riberas se unieron para fundar un monasterio bajo la direcci√≥n del Abad Franquila. Y a comienzos del diez recibieron sendos privilegios del monarca Ordo√Īo II y del Papa Inocencio IV respaldando su fundaci√≥n.
La historia fue primero generosa y luego cruel. Otorgó a este cenobio riqueza y poder para después arrebatárselo todo. Santo Estebo fue lugar de descanso de reyes y hoy su recuerdo inspira habitaciones donde bien podría dormir la monarquía.
Fue tambi√©n el lugar elegido por nueve obispos para pasar sus √ļltimos d√≠as. Los mismos que representa el escudo del monasterio. Sus restos fueron primero depositados en el claustro al que dan nombre para luego ser trasladados a la iglesia.
A lo largo de sus cientos de a√Īos de vida, Santo Estebo creci√≥, sufri√≥ modificaciones y evoluciones y finalmente decay√≥. Su declive fue tal que una parte del claustro de los caballeros se vino abajo y con suerte no result√≥ nadie herido. Y es que tras la desamortizaci√≥n del siglo XIX y el posterior abandono, los vecinos de la parroquia asumieron el monasterio como parte de sus vidas.
El siglo veinte devolvió a Santo Estebo de Ribas de Sil el lugar que le corresponde. Declarado monumento nacional y bien de interés cultural, empieza a ser restaurado. Finalmente pasa a manos de Paradores para convertirse en hotel-monumento.
La historia del monasterio y la energ√≠a del entorno han conspirado para hacer de Santo Estebo un parador singular. Se ha buscado un estimulante contraste entre un espacio antiguo y un equipo joven y din√°mico. Y sobre todo se han fusionado los viejos muros de piedra con modern√≠simos materiales y con las vanguardias del dise√Īo del siglo veinte.
La apuesta es, sin duda, arriesgada. Mesas de anticuario con sillas de museo de arte contempor√°neo. Un choque sorprendente que funciona.
Sus setenta y siete habitaciones combinan tambi√©n modernos servicios con elementos del antiguo monasterio. En todas se ha mantenido alg√ļn detalle, incluso en la suite, que ha convertido esta inmensa ba√Īera en su mejor reclamo.
Santo Estebo cuenta con las infraestructuras y servicios propios de un parador de cuatro estrellas. Entre ellos destaca una variada oferta gastron√≥mica inspirada siempre en la cocina tradicional gallega. Y al frente de un equipo de doce personas, la primera y √ļnica jefa de cocina de paradores en Espa√Īa. Veinticinco a√Īos y una creatividad que hay que probarla.
El monasterio ha logrado una armonía perfecta con el entorno. Reproduce entre sus muros el mismo sosiego que respira la Ribeira Sacra. Una cualidad que Santo Estebo quiere potenciar con la construcción de un spa durante los meses de descanso.
Este nuevo hotel-monumento se ha convertido ya en un revulsivo para la zona. Atrae visitantes y personal para trabajar en sus instalaciones. Y da empleo también a personas de la comarca. De esta forma pervive la secular relación de monasterio y vecinos. Una convivencia que otorga un plus de autenticidad a este nuevo establecimiento.


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