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PONTECALDELAS, VILLA RESIDENCIAL

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Regada por el Oitaven y el Verdugo, Ponte Caldelas se asienta en un enclave natural de auténtico privilegio.

Tierra de manantiales, Pontecaldelas debe su denominación al puente sobre el río Verdugo, que en su discurrir junto con el Oitavén forma bellos parajes a su paso por el municipio. El río atraviesa el centro urbano que nunca ha perdido su encanto natural. Y tal vez por ello se ha convertido en una importante villa residencial para la gente de las ciudades próximas.

 
La proximidad con Pontevedra, de la que dista tan sólo 16 kilómetros, marca la personalidad reciente de esta villa. Pontecaldelas se está convirtiendo en el área de expansión urbana de la ciudad del Lérez. Los precios de los pisos son algo más bajos, y hablando siempre de una altísima calidad de construcción.
Porque Pontecaldelas, además está dotada de los servicios básicos necesarios para mantener una magnífica calidad de vida. Alimentación, moda, y decoración; todo sin apenas coger el coche. Lo ideal para un municipio de siete mil habitantes. Servicios, comercio y también aprovechamiento empresarial.
Sin duda la mayoría de sus habitantes se desplazan a Pontevedra a trabajar, pero en el propio concello también hay empresas, como esta maderera que da trabajo a casi 90 personas. Hombres y mujeres que después de tres años de duro esfuerzo, ya son todos unos expertos en la fabricación de tableros de contrachapado, exclusivamente de madera de eucalipto.
En Pontecaldelas no faltan lugares para el recuerdo, para la historia y para el descanso.
El origen de esta población está en las beneficiosas propiedades de sus aguas y consecuentemente en el termalismo.
La titularidad se la otorga el puente que cruza las orillas del río Verdugo, construido a finales del siglo XVI, y en el que en 1809 se libró una batalla contra el ejército del mariscal Soult.
Las casas de indianos, coloridas y coquetas, testimonian el fuerte impacto de la emigración en la zona, que se concentró, fundamentalmente, en México y Brasil. El pazo de Dona Sofía es otra curiosa edificación levantada en 1836 por el párroco Antonio Martínez Peso, y que en la actualidad está siendo restaurada. Muy cerca se encuentra la alameda, y, en una de sus caras el edificio de la antigua cárcel del Partido Judicial de Pontecaldelas, que hoy es un centro cultural con una amplia oferta didáctica y de ocio.
Todo rodeado de rincones para enamorar.
A veces el ocio va acompañado de deporte.
Las truchas más famosas de Galicia se pescan aquí, en las aguas del río Verdugo que es un auténtico vergel.
Tanto es así que lo mismo río arriba como en el propio tramo urbano se puede practicar la mejor pesca.
Al menos así nos lo asegura Laureano un auténtico experto que lleva años lanzando el sedal sobre este agua. Para él la mejor pesca es la que da el descanso y unas cuantas truchas pescadas con miñoca.
Y del río, a la montaña y al campo. Se trata de una opción provocadora y privilegiada. Hay quien ha optado por ella para desarrollar su vida diaria. Disfrutar de las ventajas del mundo rural y valerse de las comodidades de la cercana capital de provincia.
Pero hay quien se desplaza hasta aquí para vivir sus recursos de otro modo. Pasar unos días de descanso, al cobijo de los mejores servicios del turismo rural o del turismo verde como le llaman algunos.
Es momento de atreverse con esas nuevas actividades para las que decimos no haber tenido tiempo. La verdad, excusas baratas que lo único que han conseguido es que retrasamos unos de los momentos de placer de la vida.
Además, al que le guste o al que le sepa a poco, puede volver porque aquí, en las tierras del Verdugo tenemos centros de equitación, como este de Amazona que cuenta con un amplio abanico de posibilidades y para todo tipo de clientes.
Eso sí, para ello hay que dar unos cuidados muy meticulosos a los caballos.
Hagamos un repaso: naturaleza, ocio, servicios, deporte, calidad y comodidad. No es de extrañar que sean muchos los que hayan decidido quedarse en Pontecaldelas y muchos los que estén pensando en volver.


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