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COSTA DE LA VIDA

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El naufragio del petrolero Prestige provocó la mayor marea negra de la historia en Europa.

Una tragedia que castigó especialmente a este litoral tiñendo de luto los arenales y acantilados mas hermosos en las imágenes mas desoladoras de aquellos días. Hoy, desde Carnota a Sisargas nos conmueve un paisaje a cada tramo mas hermoso,mirador atlántico que nos devuelve la capacidad de asombro.

 
La Costa da Morte no lleva ese nombre por casualidad. Este mar indomable se ha llevado por delante muchas almas. Bajo las aguas esperan traicioneras imponentes agujas de roca que no tienen clemencia por nadie.
Por eso las gentes que aquí viven del mar conocen de cerca la tragedia. Todos tienen alguna historia triste que contar. Pero fue una, quizás la más terrible, la que les unió hace dos años en un duelo común.
El Prestige llegó y arrasó con todo. Presente y futuro se fueron al traste en apenas semanas. Y la esperanza pareció abandonar durante un tiempo la Costa da Morte.
Pero aquí nadie se rindió y con mucho esfuerzo y mucha ayuda se ha ido recuperando, al menos el aspecto, de este fascinante litoral. Lo hemos visto en Ximprón. Una playa donde podemos asegurar que el chapapote alcanzó casi el metro de altura. La batalla contra el fuel ha dejado tras de sí esta carretera de acceso. Y es que muchas infraestructuras se tuvieron que improvisar sobre la marcha. Carnota formó parte de esa zona donde el desastre del Prestige se empleó a fondo. Por eso también los trabajos de limpieza han tenido que ser especialmente exhaustivos. Tras las fases de recogida manual e hidrolimpieza ahora toca el turno de la biorremediación. Se aplica en más de sesenta mil metros cuadrados de roca de la provincia de A Coruña. Cada cuarenta y cinco días se fertiliza la colonia de microorganismos autóctonos que poco a poco van comiéndose el fuel. Será un proceso de años en el que también tendrá un papel principal el bravo Atlántico.
Más sencilla es la regeneración de los arenales. La playa de Carnota mide siete kilómetros y es una de las más largas de Galicia.
Tras comprobar su buen estado, nos dirigimos a Ézaro. Dos años después de la marea negra, esta playa ha ondeado este verano bandera azul. Algo que parecía imposible de lograr. Nuestra siguiente parada es Corcubión. Esta villa ha sido declarada conjunto histórico-artístico y un paseo nos permite descubrir el porqué.
El puerto también ha gozado de importancia estratégica debido al trazado de la ría. Y playas como esta de Quenxe parecen especialmente creadas para un turismo tranquilo y familiar. No muy lejos visitamos el arenal de Estorde. Segunda bandera azul para la Costa da Morte este verano.
Y así llegamos al que, sin duda, es uno de los emblemas de este litoral. Fisterra, el lugar donde los romanos ubicaron el fin del mundo. Algo que da idea de la cantidad de mitos y leyendas que ha generado este cabo. Y como digno habitante, el faro situado más al oeste de Europa. Y, por tanto, el más cercano a América.
La playa de Langosteira ha visto varar en sus aguas más de un barco. Se suele decir que, antes que remontar Fisterra con avería, cualquier cosa. Pero nunca había contado con un visitante menos deseado que el chapapote. Tranquila y recogida ha podido librarse de aquella pesadilla con más facilidad que otras.
Es el caso de Mar de Fóra, donde la asociación ecologista ADEGA considera pendiente la regeneración del sistema dunar. Como ocurrió en muchos otros puntos, la gran cantidad de personas y maquinaria que movilizó la limpieza también provocó algunos daños.
Mar de Fóra, al igual que Arnela, Nemiña o la playa del Rostro recibieron en su día gran cantidad de fuel en condiciones extremas de oleaje. Esto provocó el enterramiento de parte del vertido y mayores dificultades para su extracción. Varias universidades y empresas de limpieza trabajan en la búsqueda de posibles soluciones o formas de minimizar los efectos. Realizaron un minucioso estudio durante el año 2004 y en la actualidad están redactando las conclusiones.
Y siguiendo camino hacia el norte llegamos a otro de los puntos clave de la catástrofe. Muxía ha experimentado un espectacular lavado de cara. El fuel llegó aquí hasta las casas, pero los trabajos de recuperación apenas nos dejan recordar.
El paseo marítimo ha mejorado su aspecto y cuenta con un nuevo complemento en el puerto. Coincidiendo con el segundo aniversario de la catástrofe, Muxía ha inaugurado su nueva fachada marítima. En su arquitectura predominan materiales autóctonos como el granito o la madera. Pero el gran atractivo de esta villa seguirá siendo la Punta da Barca. Aquí está uno de los más famosos santuarios de Galicia y uno de los más espectaculares paisajes costeros.
Tras Muxía se encuentra Camariñas, importante puerto pesquero y uno de los mayores núcleos de población de esta costa.
Es el paso previo antes de llegar a Camelle. Un lugar donde el principal reclamo es el fantástico museo del alemán. Artista surrealista y delirante que tuvo como materia prima la roca y el mar. Que aprovechó todo aquello que porta el océano para sus obras y que murió de pena tras ver su trabajo de años teñido de negro fuel. Manfred dejó en Camelle el recuerdo de un hombre en plena sintonía con la naturaleza. Incapaz de comprender el desastre que se le vino encima sin avisar.
El museo de Man muestra aún las heridas que dejó el Prestige. La dificultad para limpiar la zona ha dejado parte del trabajo en manos del mar.
No muy lejos se abre ante nosotros la inmensa playa de Traba. Más de tres kilómetros de arenal para disfrutar del auténtico Atlántico de la Costa da Morte.
Estamos ya en el municipio de Laxe. Interesante también por sus casas antiguas y su típico puerto pesquero.
Nuestra visita no puede obviar Cabana de Bergantiños y sus hermosas playas. Nuestra elegida es Rebordelo, antes de seguir camino hacia Corme.
Hacia el norte, todo parece un poco más tranquilo. Por eso nuestro viaje termina en Malpica. En la playa de Area Maior, tercera bandera azul que visitamos hoy. Y un buen ejemplo de la vida que sigue en la Costa da Morte.


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