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Monasterio de Samos

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Uno de los mayores y mas importantes enclaves arquitectónicos de Galicia.

El Monasterio de San Julián es un edificio construido en distintos periodos, por lo que presenta estructuras románicas, góticas, renacentistas y barrocas. De origen muy antiguo, fue fundado por el obispo lucense Ermefredo en el S. VII. Posteriormente fue lugar de refugio de Alfonso II el Casto. En el S. XII se incorpora a la disciplina cluniaciense . Exclaustrado en 1.835, fue vuelto a ocupar desde 1.891 hasta la actualidad.

 
Los peregrinos han desviado durante siglos su camino para visitar una de la joyas gallegas. El Monasterio de Samos, el auténtico bastión jurisdiccional y religioso de estas tierras. La historia del municipio está unida a la del monasterio. Aproximadamente en el S.VI, propiciado por San Martín de Dumio, se asentaron en Samos los primeros religiosos. El renombre de este Monasterio, conocido también como el de San Juan, y su situación en el camino lo convirtieron en lugar de obligado descanso de los caminantes en su peregrinaje a abrazar el Santo Apóstol. Pero fue en el S.XVI, bajo la Congregación de la Observancia de Valladolid cuando alcanzó mayor importancia.
Exteriormente, contrasta la austeridad de los muros de pizarra con la gran riqueza decorativa de la fachada, curiosa para algunos por su toque italianizante.
El gran conjunto monacal está ordenado en torno a dos claustros. El más antiguo es el de los Nereidas, levantado en estilo gótico tardío como demuestran la bellas bóvedas de crucería estrelladas.
Ya Cabanillas reflejó en uno de sus poemas en gallego la hermosura de este espacio. Una curiosa fuente de 1713 preside el Claustro, y aunque antiguamente fue considerada fuera de tono por algunos monjes, hoy es uno de los mayores atractivos.
El segundo de los claustros es el de Feijoo. Del S.XVII y estilo clasicista, es uno de los más grandes de España. En éste, el espacio central lo ocupa una escultura dedicada al ya citado religioso, el Padre Benito Feijoo. Pero no es el único homenaje dedicado al ilustre en el Monasterio, pues también se conserva intacta la celda a la que él se retiraba a orar y a escribir. Cuidar estas estancias y el resto del Monasterio es parte de la actividad de los Monjes, es parte del ora et labora que practican en su vida monacal.
Otra parte de su tiempo la pasan en esta sala, el Refectorio, un lugar para el almuerzo, el silencio y la oración. La iglesia es uno de los lugares más visitados, por su grandeza, su riqueza artística y por las historias que guarda. Es del S. XVIII, diseñada por un monje del propio monasterio en estilo clasicista. Posee trece retablos de diferentes estilos. Renacentistas, barrocas y clasicistas. Las imágenes que los presiden son obra del maestro Moure y de Ferreiro. Su cuidado es minucioso, muestra de ello es la rehabilitación a la que están siendo sometidos 4 de los retablos principales.
Existen en su interior otros elementos de especial importancia, como los altares barrocos y el altar mayor que es neoclásico, así como su impresionante cúpula, inevitable alzar la vista para admirarla. Cuando suena la música lo hace de un modo especial, pues el órgano que se conserva es de tres fachadas y funciona a la perfección.
Todo aquí tiene su significado, como en la Sacristía del S.XVIII, donde nos encontramos las virtudes coronando la cúpula, acompañadas de la figura del Señor.
O en el Signo, que del S.XVI conserva todavía una fuente barroca y los frescos de la vida de Cristo. La pintura desde siempre ha sido una forma de representar la historia, y el Monasterio de Samos también tiene la suya. En el primer piso del Claustro Grande, tres pintores han recogido en sus largas paredes la vida monacal. Uno de los laterales ha se ha reservado para la fotografía, una exposición en la que a parte de la vida de los monjes, se refleja también la suerte que corrió el Monasterio durante el último de los incendios.
Una de las grandes afectadas por este desafortunado hecho fue la biblioteca que perdió parte de sus ejemplares entre las llamas, el resto de los libros que se pudieron salvar continúan sirviendo para consulta, guía y estudio de los monjes que viven aquí.
Pero la vida del pueblo se hace extensiva al pueblo de Samos, a tan sólo unos metros se encuentra la Capilla del Ciprés, del S.IX ,estilo prerrománico y pinturas al fresco de influencia Astur. Ya su nombre hace alusión a esta otra reliquia de la naturaleza, un ciprés que se cree, es milenario Quizás el Monasterio sea la joya más admirada de Samos, pero no es la única. Pues todo su entorno es excepcional.
La simbiosis entre Naturaleza y sabiduría popular es perfecta en este lugar de especial belleza; donde no existe el horizonte.


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