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CAMINO DE PORTOMARÍN

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Una ruta destino de numerosos caminantes por su interés histórico y belleza paisajística.

Dejamos Sarria cruzando el puente medieval de Áspera y seguimos ruta hasta llegar al territorio de Portomarín que tiene especial encanto y mucha de la magia tan característica de Galicia. En Portomarín finalizan su etapa numerosos caminantes, por su interés histórico y belleza paisajística.

 
El camino abandona la villa de Sarria cruzando el medieval puente de Áspera. La siguiente parada según el Códice Calixtino es Santiago de Barbadelo, iglesia románica de la segunda mitad del siglo XII con una interesante torre campanario. Perteneció a un monasterio, de ahí su grandiosidad. La advocación a Santiago y su arquitectura la convierten en una joya del camino.
Pasados Rente y Sixto, entre masas arbóreas, la ruta xacobea llega a Peruscallo. A poca distancia se encuentra la iglesia de Santa María de Belante. En la comarca de Sarria, y en un radio de 10 kilómetros alrededor del camino encontraremos numerosos pazos e iglesias románicas dignas de conocer. La de Belante sólo ha supuesto un pequeño desvío, pero enseguida retomamos la ruta y volvemos al camino, mochila a la espalda.
Despedimos las tierras de Sarria. El concello que nos recibe ahora es Paradela, que cuenta con un albergue de peregrinos en las cercanías de una hermosa carballeira. No es nada raro ver numerosas tiendas de campaña plantadas bajo los árboles en verano, cuando los albergues están llenos. Sigue el camino junto a la iglesia de Santa María de Ferreiros. Es del siglo XII y sus señas de identidad la descubren románica. De tradición xacobea bien asentada, al parecer aquí hubo un hospital de peregrinos.
Mirallos, Pena, Couto y Moimentos son aldeas de Paradela atravesadas por el camino. Paisajes típicos de la Galicia rural, de prados verdes en los que pace el ganado. Suenan topónimos que hacen referencia a monumentos funerarios romanos y medievales al pie del camino. Sendas por las que viajaron peregrinos y las historias que contaban y cuentan de sus países de origen, también leyendas de mouros y tradiciones populares. Y con los caminantes, los caballeros de la Orden de Santiago de la Espada, con la doble condición de clérigos y guerreros y cuya casa madre se hallaba en la parroquia de Cortes. La razón es que los canónigos regulares del monasterio de Santa María de Ribalogio, ahora Santa María de Loio, se sumaron a la comunidad guerrera fundada en Extremadura a finales del siglo XII.
Desde Loio, el paisaje abierto desciende hasta el Miño, recogido en el embalse de Belesar, bajo el que descansa el viejo Portomarín, la Pons Minea del Códice Calixtino. El pueblo nuevo será nuestra siguiente parada, como punto estratégico del Camino Francés.


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