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Galicia es una fiesta

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Es, desde siempre, la Galicia mas tradicional una verbena interminable.

Cualquiera que sea la estación del año, el calendario festivo en Galicia tiene muchas fechas señaladas, y en todas ellas la música es indispensable. Nuestro país es prolífico en bandas y estilos musicales, pero no podemos olvidar de dónde venimos, cuáles son nuestras raíces: las romerías populares.

 
Los orígenes musicales gallegos siguen presentes, en mayor o menor medida, en los intérpretes y músicos actuales. En líneas generales, el aspecto festivo de la cultura tradicional gallega se asemeja mucho a la de otras zonas de la Península y del resto de Europa. Una de las funciones de la fiesta es la de marcar los ritmos temporales, entre los momentos de trabajo y las rupturas excepcionales para el ocio. Pero sin duda, es en el verano cuando toda Galicia es una fiesta.
No hay lugar, aldea, villa o ciudad que no aproveche la climatología favorable de la época estival para abarrotar sus plazas y calles, pasear a sus santos y patrones y reunirse en torno a sus ermitas y lugares ?milagreiros? para celebrar algo en comunión. Es la excusa perfecta tanto para la reunión de los vecinos como para recibir la visita de los que residen en otras poblaciones y, muy especialmente, de los gallegos de Europa y de América. Algunas han ido desapareciendo con el aumento de la población urbana en nuestro país, pero las que se mantienen no pierden afluencia, es más, tienden a congregar cada vez un mayor número de personas, al tiempo que la festividad evoluciona.
La religión es el denominador común de casi todas, pero con un sincretismo de cultos y ritos cuyos orígenes son precedentes al cristianismo. Y es esta mezcla entre el credo católico y las prácticas paganas lo que las hace especiales. Además de celebración religiosa, la romería es una fiesta que se celebra con comidas y bailes.
A lo largo de los últimos treinta años han surgido en Galicia otras fiestas exclusivamente ?profanas? que conectan la galleguidad con otras identidades transnacionales. Es el caso de la ?Romería Vikinga? de Catoira con las raíces norteeuropeas de Galicia, o la ?Festa da Historia? de Rivadavia con la identidad judía del pueblo. De igual modo han proliferado las exaltaciones gastronómicas. Es como si los viejos santos hubiesen sido sustituidos por el plato típico o por un producto de la tierra que se puede degustar de mil maneras. Todas las festividades de la Galicia más tradicional iban y van acompañadas de una comida también festiva y, por tanto, excepcional. La novedad es que ahora la alimentación es una fiesta en sí misma. Sigue siendo una manera de aunar lo tradicional con los nuevos tiempos, además de ser un excelente medio para la promoción económica de la localidad. Pero ¿qué sería de una fiesta sin música?. No pueden faltar pasarrúas con gaiteiros, bailes espontáneos al son de nuestros ritmos ancestrales. El sonido de la tierra es el que marca el pulso de la fiesta, su aliento, sea religiosa, gastronómica o histórica.
La pervivencia de los sones de las gaitas está asegurada en nuestros exitosos e internacionales gaiteiros y gaiteiras, sobradamente conocidos, en las innumerables agrupaciones de jóvenes y en los que actualizan el sonido del instrumento y hasta su interpretación, como es el caso de la espectacular Real Banda de Gaitas de la Deputación de Ourense.
Pero no olvidemos que toda festividad se cierra con una sonada verbena. Y es aquí donde la mezcla de culturas se hace patente. Para la verbena los gallegos preferimos un potpurrí con nuestras canciones de siempre y los ritmos caribeños y latinoamericanos. Incluso cada vez es mayor la integración en las orquestas de músicos sudamericanos. Es la herencia, y lo que hemos aprendido de los gallegos del mundo. Centenares de orquestas amenizan las noches del país de las cuatro mil fiestas y los gallegos, ?festeiros? por naturaleza, no dudan en echar unos bailes.


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