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Galicia, País de los Mil Ríos

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El Miño y el Sil crean ese grandioso paisaje que es la Ribeira Sacra.

La Ribeira Sacra un paisaje extraordinario que no tardará mucho en formar parte del Patrimonio de la Humanidad. Abarca desde los bancales o socalcos de vino sobre la ribera del río Miño, hasta las pendientes rocosas de la garganta del Sil, que impulsan al recogimiento.

 
Es un espacio de original belleza. Se conoce como tierra de frailes y de afiladores. Fue famosa por sus centros monásticos, y hoy es protagonista de las mejores rutas fluviales. Hablamos de la Ribeira Sacra.
Estamos ante una zona de interior que se ha convertido en una gran competidora turística de las costas e incluso del Camino de Santiago. Lo cierto es que no le faltan argumentos. Dos ríos importantes la surcan, el Miño y el Sil.
Por algo, ya Cunqueiro hizo de Galicia en su literatura, El País de los mil Ríos. Y los soñadores, de los ríos hicieron un cuento de leyenda.
Dicen que el Dios Júpiter se enamoró de la belleza de Galicia y que para estar más cerca de ella se convirtió en el agua que hoy recorre el Miño. Pero su esposa, la Dioisa Juno no compartía la pasión de Júpiter y quiso vengarse.
Además, las Riberas del Miño y la depresión del Sil, son de espectacular belleza y ricas en todo. Hasta el punto de que no tardarán mucho en formar parte del Patrimonio de la Humanidad. Es una cuestión zanjada, dicen, que el Miño es el padre de los ríos gallegos. Porque es verdad que amamos a nuestro entrañable y entrañado Miño, y que lo tenemos por referencia principal de nuestra venturosa naturaleza.
Basta con echarse a andar a su lado para descubrir que es un hermoso paraje fluvial, que nos lleva de Galicia a Galicia surtiéndonos de una clara identidad y de las más exóticas esencias. Representa además todo un carácter, un carácter obviamente gallego.
La Ribeira Sacra del Miño nace en Portomarín, donde se embalsa en el Misterio de un pueblo trasplantado. Aquí comenzaba el Miño vinícola, caracterizado por espectaculares laderas. En sus riberas y en las del Sil crecen los viñedos dispuestos en perfectos bancales. Su historia se remonta a la época romana, cuando en la capital del Imperio ya eran conocidos sus tintos de Amandi. Sin embargo, como el resto de los vinos gallegos, fueron las órdenes religiosas quienes dieron impulso a este caldo de fruta a partir del siglo X.
Como advierte el dicho popular, el Sil es el que trae el agua, mientras que el Miño lleva la fama. Y hay verdad en ello, aunque la diferencia no sea ni escandalosa ni permanente.
El Sil es un río con vocación de anacoreta, del que uno se enamora por la profundidad de su curso y la belleza -severa y silenciosa- de sus alrededores.
En realidad, él es un arquitecto de espacios de recogimiento y de espiritualidad, el verdadero autor de los conventos desde los que tantos monjes observaron su paso como una prueba de la insondable sabiduría.
A las orillas de las Riberas del Sil y del cauce medio del Miño florecieron durante casi un milenio un gran número de eremitorios y monasterios, hasta tal punto que de hecho acabó por dar a toda la comarca el nombre de la Ribeira Sacra.
Uno de los más antiguos es el de San Estevo de Ribas de Sil fundado según algunos autores por San Martín de Dumio, aunque no hay documentación sobre él hasta el siglo XII.
El conjunto monacal ha sido restaurado recientemente para usos turísticos y en breve se espera que se inaugure.
Santa Cristina de Ribas de Sil es otro de los más destacados. Y además lo podemos ver desde el propio cañón.
Los fuertes desniveles, las diferencias climatológicas entre las laderas de solana y las de umbría, y la intervención del hombre a lo largo de siglos, han propiciado que el cañón del Sil sea un mosaico vegetal y paisajístico de singular belleza. Un toque de distinción que a la vez ejerce de frontera natural entre las provincias de Ourense y Lugo.
La vista es única desde cualquiera de sus miradores, o desde cualquiera de sus paredes como comprueban los buenos escaladores. Nosotros les recomendamos esta panorámica desde los conocidos Balcones de Madrid. Aquí antiguamente las mujeres despedían a sus esposos que partían hacia otras lugares de la península a trabajar como barquilleros.
Y si quieren otra opción, también se la ofrecemos. Es una suerte poder comprobar todo este encanto desde las mismas aguas.
El Sil llega como una sombra enamorada de sus soledades y se envaina como una espada en el ancho cuerpo del Miño.
Se trata de una de las más hermosas y profundas huellas fluviales que se pueden contemplar. Todas estas aguas se decantan por reunirse en el incomparable paraje de Os Peares, conocio como O Pobo dos tres Ríos, las dos provincias, los cuatro ayuntamientos y las dos diócesis.
Ya unidas, las aguas en el Miño definitivo, el gran río se encamina hacia Ourense. Acaba de salir del embalse de Os Peares y aún debe remansarse antes de alcanzar la Ciudad de las Burgas. Ríos que son mucho más que movimiento. Cauces que saben de geometría y formas. Riberas que diseñan muchos recoletos y aguas que nos cuentan historias.


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