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Por la Ruta del Xerés

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La ruta nos conduce hasta Portugal a través de espacios de gran riqueza paisajística.

Tomamos la antigua carretera Vigo-Villacastín para gozar de un paisaje diferente en el que la piedra vuelve a ser el elemento primigenio. Antes de Xinzo podemos ver los últimos resquicios de la Laguna de Antela, que fue la mas grande de España y que en otoño vuelve a registrar el paso de aves viajeras. Cruzamos el embalse de Salas para pisar tierras portuguesas y alcanzar los impresionantes paisajes del gran parque Peneda- Xerés.

 
Dejamos atrás Allariz con la firme promesa de volver. Desde lo alto apreciamos también la armonía que se ha buscado en su rehabilitación.
Pero hoy tenemos en mente una nueva ruta que nos llevará hasta tierras portuguesas. Nos queda un largo camino por delante y nuestra primera parada está muy cerca de Allariz. La cumbre aplanada de Penamá supera los novecientos metros de altitud. Desde su madurez contempla tranquila los cambios que se suceden a su alrededor.
Uno de los más importantes ocurrió hace ya casi cincuenta años. Fue entonces cuando la Laguna de Antela sucumbió al último de los intentos de desecación. Hasta entonces era uno de los mayores lagos de agua dulce de la Península.
De Xinzo seguimos nuestro camino a Portugal con parada obligada en el municipio de Calvos de Randín.
El tiempo parece haberse detenido. Aquí todo avanza a un ritmo pausado. Recuerda los tiempos del coto mixto. Cuando las parroquias de Rubiás, Santiago y Meaus vivían de forma independiente, al margen de las leyes de los reinos peninsulares. Con ellas, otros tres pueblos que hoy pertenecen a Portugal. Hasta mediado el siglo diecinueve la máxima autoridad era un juez elegido democráticamente cada tres años. Esto es lo que queda de su vivienda.
Los ciudadanos del coto tenían el privilegio de decidir sobre su futuro en una época en la que nadie escapaba a señor o amo. En este banco del atrio de la iglesia de Santiago de Rubiás las autoridades del coto se reunían para decidir sobre sus asuntos, configurando una sociedad altamente comunitaria.
Las cosas han cambiado mucho y hoy nos acercamos hasta Calvos de Randín atraídos por su reciente inclusión en el Parque Natural Baixa Limia Serra do Xurés.
La riqueza y variedad de su flora es evidente y destaca por su buena conservación. Bajo ese manto verde viven además, ajenos a nosotros, gran variedad de animales. Aquí aún caza el lobo y se esconden corzos y jabalíes.
El Monte Agudo es el pico más alto de la zona y marca la frontera con el vecino Portugal. En estos montes los dos países se confunden y entrecruzan. La línea divisoria es algo tan práctico como un cortafuegos.
Nuestro camino nos lleva ahora a seguir el curso del río Salas. Calvos de Randín ha aprovechado este entorno para crear una playa fluvial y sus habitantes presumen de pescar en sus aguas truchas de enormes dimensiones.
El Salas discurre en estas fechas escaso y modesto hasta el embalse que lleva su nombre. Nos deja descubrir su intimidad y los restos de lo que fue hace ya años. Estos campos fueron en su día de cultivo y aún conservan su autonomía.
Estamos en tierras fronterizas. En la puerta de entrada al país vecino que empezamos a descubrir en Tourém. Este antiguo horno comunitario de edad inconfesa destaca por su techo de granito y su imitación del estilo románico.
Nos encontramos ya en el Parque Transfronterizo Xerés-Xurés, formado en 1997. Nos sorprende el contraste entre esta planicie y la escarpada sierra tras la que intuimos de nuevo tierras españolas. Los montes del Xerés, jóvenes y abruptos, esconden caminos sólo conocidos por los pastores y los guardias del Parque Nacional da Peneda-Xerés. Fascinantes pero peligrosos.
Seguimos ruta hacia el sur para conocer Pitoes das Júnias. La vieja aldea mantiene todo el encanto de antaño. Durante mucho tiempo fue uno de los lugares más pobres de la zona. Pero en la actualidad, el desarrollo de la ganadería ha mejorado su situación. Sus habitantes son devotos de San Juan y todos los años caminan hasta esta capilla de acceso imposible a la que suben los jóvenes a ?namorar?.
Pitoes das Júnias exige también una visita a su Monasterio de Santa María. Se cuenta que la virgen estaba aquí escondida y un caballero la encontró y construyó la iglesia en su honor. Se mantiene en pie desde el siglo trece y durante cientos de años dependió del monasterio gallego de Oseira.
La variedad del paisaje es sorprendente. No podemos evitar detenernos ante la luminosidad de estos prados de lima. Sus propietarios han aplicado un sistema de regadío que los mantiene verdes todo el año.
El río Cávadosale a nuestro encuentro en el embalse da Paradela. Es una de las fuentes de riqueza del parque y este año, como también pasa en Galicia, espera impaciente las lluvias.
El Xerés es zona milenaria y los recuerdos de la historia nos esperan en cada recodo. Aquí las tradiciones se mantienen desde hace siglos y las formas de vida son las de siempre.
El puente de la Miserela era uno de los objetivos de esta ruta. Encajado en el fondo permanece desde la Edad Media cuando empezó a ser llamado el puente del diablo. Se dice que fue construido en tres días y tres noches. Su aparente fragilidad es una mera fachada.
Nuestro viaje llega ahora a su fin. Sólo resta echar un último vistazo a estas cumbres del Xerés. Hermosas y desafiantes.


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