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A LA SOMBRA DEL ABEDUL

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El Bidueiral de Montederramo es uno de los espacios considerados de interés europeo.

Descubriremos los encantos naturales de Montederramo, al pié de la Sierra de San Mamede, un municipio bañado por numerosos ríos trucheros y sobre todo por el río Mao, que el embalse de Leboreiro cuenta con playa fluvial y lugares para el ocio.

 
Sabíamos que esta va a ser una grabación especial, estamos en la alta montaña gallega, así que empezamos con lo suave. En el área recreativa de Ponte Mazaira, acondicionada con gusto en torno a un río Mao que encontramos tiritando.
Hasta aquí todo dentro de lo esperable. Veníamos preparados para las altas cumbres, para el paisaje apabullante, pero los caprichos artísticos de la ola de frío fueron demasiado para nuestro cámara que dejó ya un poco de su alma en aquellos hielos.
Lo mismo nos ocurrió en el Biduerial de Montederramo, lugar de interés comunitario. Este espacio protegido, parecía inofensivo, en el papel entrábamos a grabar unos hermosos árboles, decían que perfectamente conservados que han sido utilizados desde siempre en carpintería y para los zocos e instrumentos de labranza.
Pero la calma, la magia, el abandono de los sentidos, casi el olvido de todo lo que no fuese el granate de los abedules y los coquetos musgos, nos rodeó, se empezó a colar dentro de nosotros directos a nuestro centro. El hueco que se hicieron en nuestra memoria es mayor del que tenían destinados.
Decidimos que ese sería el sitio que evocaremos cuando cerremos los ojos y busquemos la paz.
No sentíamos el frío. El único escalofrío que nos recorrió fue de emoción cuando nuestro guía Manolo nos contó que esta zona no ha ardido nunca, está igual que hace cientos, o miles de años.
Un escalofrío de cariz muy distinto nos dieron las verjas que acotan esta zona para convertirla en coto de caza. No encontramos corzos ni ciervos porque sólo se asoman a primera o última hora.
Les cobija a todos la Sierra de san Mamede en donde nace el río Mao a 1600 metros de altura. Sobre todo la siembran abedules, pero también pinos, acebos, en verano los deliciosos arándanos, y los cancereixos o servales del cazador. Hasta aquí venían a buscar hierba de las aldeas cercanas. Salían a las 12 de la noche y volvían a las 12 de la mañana, esfuerzos que ahora nos parecen inconcebibles.
Casi enfrente como retándola, está la Sierra de Buego, que ya ha sido alcanzada por los parques eólicos.
Desde estas cumbres también contemplamos la vecina Sierra de Queixa, incluso Cabeza de Manzaneda.
Muchos de estas imágenes sólo se pueden contemplar desde trayectos que necesitan un 4 por 4, o mucho mejor, nuestro propio caminar y un poquito de paciencia.
Y para recuperarse de la caminata hay dos casas de turismo rural.
La de A Fervenza es casi un conjunto etnográfico porque aprovecha las instalaciones de un molino.
Atravesamos el río Mao por los pasaus, como les llaman aquí, y seguimos nuestro camino hasta la otra casa de turismo rural, el Caserío da Castiñeira.
El potencial de esta zona, como afortunadamente de otras muchas en Galicia está en el turismo, y a tenor de lo visto las gentes de Montederramo han de liarse a la manta a la cabeza.
El embalse de Leboreiro es el único que no nos puede cautivar con todos sus encantos porque el invierno tan seco que estamos viviendo ha secado también su belleza, y ha desnudado melancolicamente sus vergüenzas.
Pero el atardecer de alta montaña borra cualquier melancolía con sus juegos cromáticos con el algodón de las nubes.


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