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LAS CUMBRES DE MANZANEDA

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Es tiempo de invierno en la Cabeza Grande, que corona la estación de montaña de Manzaneda.

Caminamos entre el nevado paisaje, para desde Vilariño, alcanzar el Parque del Invernadoiro siguiendo los senderos que nos llevan hasta el barranco de Guasenza, hacia el que cae con fuerza el agua de Os Arcos.

 
El color blanco empieza a ganar terreno en Manzaneda. Se extiende por las cumbres y uniformiza cielo y tierra. A casi dos mil metros de altitud el aire entra en los pulmones puro y gélido.
La única estación de ski gallega recibe con satisfacción el frío polar. Es el momento de poner en marcha los remontes y activar la hospitalidad. Y es que aquí sólo hay tiempo para el deporte y el relax.
La meteorología es en Manzaneda la diosa de las ciencias. Sus caprichos son sentencias y su generosidad el maná de los esquiadores.
La estación ofrece al visitante la cara más lúdica de estas cumbres. Pero existe un camino menos concurrido que nosotros queremos descubrir con usted. Es la ruta del ski de fondo cuando hay nieve y el inicio ideal para un paseo por el techo de Galicia.
De Manzaneda a Castrelo do Val se suceden las sierras. Cuando el frío aprieta la nieve gana terreno y se atreve a retar a los rayos de sol. Construye fortines y se esconde a la sombra de las peñas.
A lo lejos y entre montañas podemos ver también el embalse de Cenza, uno de los mayores lagos glaciares de Europa. Y desviándonos un poco de la ruta marcada encontramos estos refugios que utilizan en verano los pastores de Chaguazoso. Los han construido para proteger a las cabras del lobo. Y es que el animal más temido en el rural gallego también ronda por aquí.
Nuestra ruta hacia Castrelo do Val nos regala paisajes fascinantes. Estas viejas cumbres han perdido ferocidad con los años. Redondeadas por el viento, se suceden en armonía.
La altitud les ha restado compañeros de viaje. Escasas son la flora y la fauna en sierras como la de Queixa. La vida es dura tan cerca del cielo.
Pero nuestra ruta exige ahora una nueva desviación para admirar uno de esos lugares que nos gusta mostrarles. Escondido entre estas paredes de bosque y roca y protegido celosamente por sus cuidadores sobrevive el Parque Natural do Invernadeiro.
Un ecosistema tan rico como frágil requiere de un cuidado especial. Por eso su entrada está regulada y es necesario un permiso de la Delegación Provincial de Agricultura de Ourense. El Invernadeiro acoge un máximo de treinta personas por día. Y tan sólo está permitido recorrer a pie las rutas marcadas.
Esta inmensa finca de cinco mil setecientos metros cuadrados sufrió hace casi veinticinco años un terrible incendio. Poco después fue adquirida por la Xunta de Galicia y en 1997 convertida en Parque Natural. Desde entonces se cuida con celo esta hermosa reserva natural donde conviven cientos de especies.
El Invernadeiro esconde una gran riqueza faunística y presenta la cadena trófica completa. Cuenta con una población estable de unos doce lobos y, a su alrededor, cientos de mamíferos, aves, reptiles y peces.
El visitante afortunado y paciente puede descubrir en su camino familias completas de corzos, gamos o rebecos. Veloces y asustadizos, recorren el parque con sigilo y nos obsequian con su presencia.
Conocer el Parque Natural do Invernadeiro supone también descubrir hermosas cascadas y ríos transparentes. La sierra de Queixa funciona como un importante núcleo de dispersión hidrográfica. La red fluvial se organiza y se dirige hacia dos grandes cuencas: la del Miño y la del Duero.
El clima es otro factor determinante en cualquier ecosistema. Los veranos son aquí suaves y los inviernos fríos, con mínimas que pueden llegar a los siete grados bajo cero. Pero sobre todo, son importantes las lluvias. Abundantes, gran parte del año y en ocasiones en forma de nieve.
Agua generadora de vida que es la principal responsable del verde intenso que cubre el parque. Del suelo al cielo la flora es dueña y señora. Frondosos bosques, solitarios árboles e indefensas flores conviven y hacen frente común a la presencia humana.
Y es que el Invernadeiro es una excepción dentro del sistema de propiedad agraria en Galicia. Desde la Edad Media permaneció en manos laicas y eludió las divisiones territoriales. Por eso su estado de conservación del medio natural es superior al de otras zonas de la sierra ourensana.
Nuestra visita termina y volvemos a la ruta que nos está llevando por las cumbres que unen Manzaneda y Castrelo do Val. Sierras como la de Camba que lucen espléndidas a cualquier hora del día. Visita obligada para los amantes de la alta montaña y del aire puro.
Y parada previa a la estación final de este recorrido. Nuestros pasos se detienen en la parroquia de Campobecerros. Un lugar donde descansar y recuperar fuerzas para empezar una nueva ruta que en breve les propondremos.


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