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LA RUTA DE LOS CARBOEIROS

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Estamos en territorio de Castrelo do Val, extraordinariamente bello y rico en sabrosos productos naturales.

Ya no quedan carboeiros en Castrelo do Val, pero si hay una ruta en honor a aquellos hombres que hacían carbón en las turgueiras y lo llevaban hasta las villas de la comarca. Siguéndola podremos conocer buena parte de los espacios naturales de este municipio y sus interesantes elementos etnográficos.

 
Cuando el hambre aprieta el ingenio se agudiza y se saca provecho hasta de las piedras. Bien lo debían saber los vecinos de Campobecerros, que hicieron del carbón vegetal un negocio para los tiempos de crisis.
Volvemos a esta parroquia de Castrelo do Val para iniciar la ruta dos carboeiros. Un homenaje a todos aquellos que durante años convirtieron el torgo en su combustible particular. Una planta de aspecto frágil que esconde bajo tierra un tesoro con gran poder calorífico. Las raíces de torgo se arrancaban con un azadón y se quemaban en un brasero, que no es ni más ni menos que un agujero hecho en la tierra. A continuación se tapaba bien con tierra y se dejaba hacer el carbón.
Con él guardado en sacos y cargado en burros se recorrían las parroquias y se vendía sobre todo a los herreros. Castrelo do Val ha querido recordar a los carboeiros con una ruta de diecisiete kilómetros que recorre siete parroquias. Y nosotros aprovechamos también para mostrarles algunos de los emblemas de este municipio, uno de los mayores de la provincia de Ourense.
En Castrelo do Val ya no hay carboeiros. Pero sus vecinos han encontrado otras fuentes de riqueza natural. Un buen ejemplo son los bosques de pinos que encontramos en nuestro camino. Setas y castañas son también un buen complemento de la economía familiar.
Campobecerros no sólo es el comienzo de esta ruta. Es también puerta de entrada al Parque Natural do Invernadeiro y una conocida estación de ferrocarril. En las vías trabajaron muchas manos y se segaron algunas vidas. A todos ellos recuerda este monumento.
No podemos olvidar que estamos en una de las comarcas que con más entusiasmo celebra el carnaval. No es de extrañar por ello que Campobecerros tenga su homenaje particular al peliqueiro. Nos asombra el mimo con que está elaborado. Recreando hasta el más mínimo detalle.
Un cuidado que se aprecia también en otras obras de Amadeo Rolán. Un apasionado de los oficios tradicionales que ha logrado dotar a sus obras de grandes dosis de realismo.
Este joven escultor no es el único artista de Castrelo do Val. Hoy visitamos también el taller de Tintorescu. Una firma que ha encontrado en la madera su principal fuente de inspiración.
Troncos muertos o quemados encuentran en sus manos una nueva utilidad. Determinada siempre, al igual que el diseño, por la propia naturaleza. En seis años de trabajo han llevado sus obras por toda Galicia. Su trabajo se puede encontrar por ejemplo, en el Parador de Baiona. Pero su principal interés se mueve ahora hacia el diseño integral de espacios.
Otro tipo de realidad es la que nos muestra el Centro de Interpretación del Patrimonio recientemente abierto en Castrelo do Val. Un lugar que pretende recuperar la memoria y la identidad cultural de esta tierra.
La Galicia más tradicional está representada en este centro. Oficios y trabajos que en muchos casos se están perdiendo. Restos de una historia ligada a un territorio que luchan por no acabar en el olvido.
Pero las tradiciones no sólo se mantienen en los museos. En la parroquia de Nocedo do Val visitamos este molino que todavía utilizan muchos vecinos.
No muy lejos de aquí se levanta este antiguo cruceiro. Una muestra de nuestra arquitectura religiosa que rivaliza con el de la parroquia de Pepín.
Castrelo do Val se ha abierto también a las nuevas necesidades de ocio. La Casa do Americano es uno de los establecimientos de turismo rural que ofrece el municipio. Y presta asimismo una especial atención a las zonas de descanso. Lugares como este paseo de los enamorados o como el área recreativa que riega el Támega. La visitamos desnuda e invernal, pero en verano revive con el calor y el bullicio. Y es que el estío la convierte en el centro de reunión del municipio.
El Támega pasa por aquí tranquilo y escaso. Pero dentro de unos meses se verá muy diferente. Dispuesto a proporcionar un buen chapuzón a quien se lo proponga.


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