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ENTROIDO ANCESTRAL

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El carnaval de Laza es una de las fiestas más tradicionales y llamativas de Galicia.

Las calles se llenan de pintorescos personajes que corren y bailan haciendo sonar enormes cencerros. Son los famosos peliqueiros que provistos de un látigo y cubiertos por una máscara persiguen al público lanzándole harina y hormigas.Como despedida del entroido se lee el Testamento do Burro y la quema de un muñeco de paja.

 
El carnaval de Laza resiste como pocos los embates de la modernidad. Algunos estudiosos lo sitúan entre los diez más ancestrales del mundo y, sin duda, está también entre los más desenfrenados. La premisa principal es la diversión y eso es algo que se palpa en el ambiente.
En lugar de reina del carnaval, Laza tiene sus peliqueiros. Y a falta de sambódromo, buena es la plaza de la Picota, centro neurálgico de la fiesta. Y es que aquí las tradiciones juegan un papel importante. Y los protagonistas se veneran desde hace años, siglos inclusive.
Uno de los primeros actos importantes es el folión del viernes de carnaval. A medianoche se encienden los fachones y se recorren las calles anunciando la llegada del entroido. Se hacen sonar los chocos y desde los balcones se arroja ceniza o harina. Es la forma de ahuyentar a los malos espíritus y de purificarlo todo. Pero también es el pistoletazo de salida a una fiesta que durará cuatro días con sus respectivas noches.
El momento más esperado es siempre el estreno de los peliqueiros. El domingo por la mañana la plaza de la Picota empieza a llenarse de gente. Aguardan la llegada del rey indiscutible del carnaval de Laza. El peliqueiro no es un disfraz. Es una máscara que representa el poder. Y en sus orígenes servía para parodiar a los recaudadores de impuestos del valle de Monterrey. El nombre le viene de la piel de animal que cubre la careta que, a su vez, está hecha de madera de aliso. El toque distintivo de cada peliqueiro es la mitra, que lleva pintada una figura de animal. Precedidos del ruido de los chocos y armados con látigos, recorren las calles entre el asombro y el temor de la gente. En Laza vestirse de peliqueiro es un orgullo. Por eso los encontramos de todas las edades. Algunos apenas pueden mantenerse en pie. En lo único que ha cambiado la tradición es en la incorporación de la mujer, que sólo deberá ser rápida y buena zurradora.
Tras lucirse en la Picota, los peliqueiros acuden a saludar a los feligreses que salen de misa. Forman dos filas y les azotan sin saña.
La fiesta continúa en la plaza y pronto llegará el reparto de la bica. Dulce típico de la comarca que se ofrece a vecinos y visitantes. En este rito sí se aprecia una modificación en los últimos tiempos. Y es que hace años eran los peliqueiros los que recorrían las casas para probar la bica.
La tarde del domingo se celebra un particular desfile de carrozas. En Laza no hay lugar para los artificios del carnaval urbano. Por eso salen a la calle los carros del país, engalanados para la ocasión. La sátira privada, institucional o religiosa forma parte del conjunto.
El lunes de carnaval es el día que atrae más visitantes. Es el momento de perder las formas y la compostura de diario y divertirse como niños. La gran farrapada se ha convertido en una auténtica batalla campal. Los paños manchados de barro y, en ocasiones, de excrementos vuelan por los aires. Y una bañera motorizada se encarga de rociar a todo el que por allí se acerque.
Más tranquila es la gitanada de los burros, adornados por los maragatos para venderlos en la plaza. Pero este animal no es el único protagonista del carnaval de Laza. Las hormigas son otro elemento fundamental. Los vecinos conocen bien los hormigueros y recogen en sacos ejemplares de gran tamaño.
El barrio de Cimadevila es ahora el centro de reunión. Es lunes por la tarde y todos esperan la llegada de la Morena, la vaca loca más famosa de Galicia. Estos enormes tojos la acompañarán y servirán para azotar a todo el que se ponga por delante. La bajada a la Picota es una fiesta. Por el camino la Morena arremete contra las mujeres e intenta levantarles las faldas. Detrás viene un séquito de gente con hormigas, el burro y cientos de curiosos.


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