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EL ENTROIDO MÁS LARGO

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El carnaval de Xinzo es el mas largo de los que se celebran en la provincia de Orense.

El símbolo por antonomasia de O Entroido de Xinzo de Limia es la "Pantalla", un personaje ataviado con calzón y camisa blancas, zapatos negros, polainas negras con cinta roja, capa de seda negra o roja con cintas de colores, y una o dos vejigas de vaca bien secas e infladas en las manos. Y en la cabeza la "pantalla" mostrando la cara de un demonio con barba.

 
Es el más largo, de los más puros, aunque también con modernas y necesarias novedades.
Todos reconocen que si no hubiera pantallas no serían famosos, ni fiesta de interés turístico.
Llegamos a Xinzo por la mañana pero casi todos están sin dormir. Estamos fuera de lugar no porque no vayamos disfrazados, o porque nos haga sentir extraños, nada más lejos de la verdad. Desentonamos porque nuestra cabeza está en día laborable, rutinaria, frente a los de Xinzo que tienen el disco duro totalmente dedicado a la fiesta. Vivir aquí el entroido como si fuese a ser el último va mucho más allá de estar o no disfrazados, aunque, evidentemente, todos lo están. Aquí el entroido es un estado, y nosotros casi venimos a contaminar con nuestro ánimo anodino, porque, Ojo, aquí, nada es anodino.
Seguro que son respetables padres de familia, directores de sucursales bancarias, o profesores, y qué, dicen ellos.
Durante el tiempo que dure el carnaval las manecillas del reloj siguen otro orden. Son las 2 de la tarde del domingo de entroido en Xinzo de Limia. La alegría y la juerga más parecen de las doce de la noche. En Xinzo todo el domingo estarán así, entre taza y taza, entre carrera y carrera. Y durante varios días, lo que el cuerpo aguante, vaya.
Y mucha tiene que ser la resistencia porque el entroido se divide en un ciclo de cinco domingos: fareleiro, oleiro, corredoiro, y entroido.
La fiesta empieza el domingo fareleiro, que más que divertido, es una estampa, una foto curiosa.
Además pobre de aquel que sólo vaya a mirar.
Otra de las estampas que ya caracterizan a este entroido y que le dan el prestigio cultural que tiene, es el domingo oleiro. En el pasado eran las mujeres las que lanzaban las ollas, pero las sustituyeron los hombres. Paga una ronda de vino el que rompe una olla.
Otra estampa colorista más, a la espera de los días en los que todos participan en el ritual pagano.
El domingo corredoiro, el meco, símbolo del entroido, es paseado y después se coloca en la plaza mayor. Y el siguiente fin de semana ya empiezan los días grandes.
Con un protagonista que ya han intuido y del que ya les hemos hablado un poco, la pantalla.
Lo definen como un un disfraz enérgico y viril, pero también respetuoso y elegante. Van en grupos de 3 a 10, si es mujer la que no va disfrazada hacen figuras delante de ella y la amenazan con las vejigas. Si es hombre corren hacia él, y lo llevan, como sea, hasta el bar más cercano para que pague una ronda. Son guardias y custodios del carnaval por eso sus víctimas son los que no van disfrazados Y si los hombres les arrebataron el domingo oleiro a los hombres ahora las mujeres también se visten de pantalla, cambiando la tradición.
Camisas y calzones blancos, una faja encarnada, y unos guantes acompañan a las vejigas de vaca infladas y curadas que chocan para hacer ruido, para asustar, para hacer reír, pero nunca para pegar.
Su careta de demonio sonriente, y todo el atuendo son artesanales. Simbolizan bellamente el primitivismo y salvajismo del hombre no cristianizado.
La fiesta neutralizó el terrible peso de estas figuras. Sería impensable imaginar entonces, en los tiempos feudales cuando eran odiados y temidos que los niños alguna vez irían vestidos como ellos para juguetear. Pero el paso del tiempo y el nunca tan sano ejercicio de la fiesta les han privado de ese poder terrorífico. Y tienen otra característica escuchen.
Mientras baten sus vejigas hacen un ruido especial, gutural dentro de ese primitivismo que simbolizan.
En Xinzo también ha irrumpido el carnaval urbano pero en menor medida que en Verín.
Aquí también desfilan carrozas que confeccionan desde muchos meses antes, en secreto, y charangas y bandas de música. Todo el mundo quiere participar, haciendo lo que sea. El tan ridículo sentido del ridículo queda aparcado por una vez. A estos carnavales llegan a acudir 40.000 personas. Cada una sacará sus conclusiones y se lo pasará bien por diferentes motivos. Unos por la alegría que se respira, por la entrega total al entroido que hay, otros porque perciban la enorme carga simbólica de estas fiestas, otros enamorados de la antropología descifrarán el ruido de las vejigas como un modo de ahuyentar la muerte, en defensa de la vida gozosa del carnaval.
Pero a nadie le puede recordar a nada conocido, ni le puede dejar de parecer algo absolutamente distinto.
Por eso tiene aquí su sede el Museo Galego do Entroido.
Un motivo más de sana competencia con Verín.
Por cierto, que al volvernos, y nos costó mucho, nuestro ánimo estaba ya un poco revolucionado, menos anodino. No pensamos que se acaban los carnavales si no que hay que preparar ya los siguientes.


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