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VEDRA

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Vedra es la cuna de la hidalguía gallega y un jardín de camelias.

Vedra fue desde siempre tierra de hidalgos por lo que hay numerosos pazos y casas solariegas repartidas por toda la geografía del municipio. Si hacemos un recorrido por algunas des estas edificaciones reviviremos una buena parte de la historia de este territorio.

 
El río Ulla da carácter a estas tierras de Vedra. Seguir su camino desde el lugar conocido como Paso da Cova es el inicio de una ruta tranquila, gozando de la belleza serena del cauce fluvial. El paso se salva ahora por el puente del ferrocarril. En su tiempo, una de las mayores obras de ingeniería, y que todavía continúa siendo el viaducto de mayor altitud de España.
Río abajo nos encontramos con el pequeño y recoleto santuario de Gundián, inmerso en un paisaje de postal. No nos hemos movido de la parroquia de Ponte Ulla, que toma su nombre de este antiguo paso por el río. El puente data de la segunda mitad del siglo XVIII y es obra del arquitecto compostelano Tomás del Río. Es uno de los lugares más característicos de Vedra, y convive con un vecino desde los años setenta: el puente de la nacional 525 que une Santiago con Ourense.
Estas riberas del Ulla fueron tierra de pazos y casas señoriales, muchas de ellas pertenecientes a la alta burguesía de Compostela como residencias de descanso. Uno de los pazos más suntuosos y mejor conservados es el de Ortigueira oSanta Cruz de Ribadulla. Su origen está en la llegada a Galicia de un miembro de la familia vasca de los Mondragón, que enlazó por vía matrimonial con una Abraldes de Compostela en el siglo dieciséis. Un descendiente de este matrimonio recibió de Carlos II a finales del siglo 17 el título de Marqués de Santa Cruz de Ribadulla.
Más tarde, también por casorio, la propiedad llegó a manos de los Armada. Uno de sus señores, Juan Ignacio Armada, mandó el Batallón Literario de Santiago durante la Guerra de la Independencia. Época en la que fue residencia temporal del político y escritor Gaspar de Jovellanos.
Muy cerca de Santa Cruz se abren las puertas del pazo de Guimaráns. Deshabitado y semiabandonado perdura, sin embargo, en buenas condiciones de conservación y posee casi todos los elementos característicos del barroco gallego. El edificio fue levantado en el siglo 17 por los Abraldes de Santiago, de nuevo una de las familias más distinguidas de la burguesía compostelana. También de nuevo, por relaciones matrimoniales se unieron a la familia de los marqueses de Santa Cruz de Ribadulla. Otro importante pazo es el de Simonde, en la parroquia de Sarandón.
Probablemente cuenta con la arquitectura más palaciega y distinguida. Los Cisneros, descendientes de Alfonso XI, fueron los dueños de este recinto, que poseía una gran finca con su correspondiente coto de pesca en el Ulla.
Vedra es además el jardín de la camelia. A finales del siglo XVII, los navegantes europeos descubrieron en el sudeste asiático esta flor. Tan delicadas que durante mucho tiempo quedó confinada en los invernaderos como algo demasiado frágil para formar parte de la vida cotidiana.
Evocadora de paisajes brumosos y heroínas que mueren de tisis, la camelia es sin embargo un arbusto fuerte y fácil de cultivar, que ya se veneraba en Asia mil años antes de Cristo.
En 1735 se empezó a denominar camelia como homenaje póstumo al jesuita Jorge Joseph Camel. Y hacia esta misma época los portugueses la introdujeron en Galicia, donde en algunos pazos se conservan todavía esas viejas camelias convertidas en impresionantes árboles centenarios.
Y es que la tibia humedad del clima atlántico, unida a la acidez del suelo gallego ofrecen las condiciones óptimas para su desarrollo.
Sólo en nuestra comunidad podemos encontrar mil variedades clasificadas. Las flores de la reticulata pasan por ser las más espectaculares. La sanuensis es la que da la hoja del té y la sasancua es la única que posee aroma. Pero la más conocida es la japónica. Una especie que ha dado lugar a infinidad de variedades.
El pazo de Santa Cruz, en Vedra, es un referente indispensable para todos los que se dedican al cultivo de esta flor. De sus viveros salen camelias para toda España. Sobre todo se venden a Barcelona, San Sebastián y Valencia. Pero también compran muchas en Portugal y Francia. En los jardines de Santa Cruz viven las camelias japónicas centenarias más viejas de Galicia.
Esta flor es la pasión de los habitantes del pazo. Durante siglos la familia se ha esmerado en mantener y ampliar la colección de camelias y las raras especies botánicas del jardín. Esta es una disonia antártica, un exuberante helecho que se ha adaptado sin problemas a nuestro clima. Con la misma facilidad se han extendido frondosos y robustos cañaverales o bosques de magnolios de edad difícil de adivinar de los que brotan flores exóticas y enormes que de nuevo nos recuerdan a oriente.


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