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MORAÑA, ESPACIO NATURAL

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Una tierra famosa por sus romerías y sus fiestas gastronómicas.

Moraña es conocida por la romería de los Milagros de Nosa Señora de Amil y la fiesta do carneiro o espeto. Pero el mayor milagro es su transformación como territorio residencial con un elevado nivel de servicios. Así podemos trabajar en los grandes centros urbanos y vivir aquí en pleno contacto con la naturaleza.

 
Decir Moraña, es decir riqueza natural, memoria histórica, peso cultural, devoción religiosa y experiencia gastronómica.
Porque Moraña ofrece un amplio abanico de atractivos con los que satisfacer el interés de todo tipo de visitantes.
Moraña es tierra famosa por una romería y por una fiesta.
Lo Misterioso y lo religioso se mezcla en la romería de los Milagros de Amil, que se remonta al mismo siglo XVIII. Son miles de personas las que se acercan sin excusa y ofrecen con profunda devoción, buscando por lo general la protección y la ayuda de la Virgen milagrosa.
De carácter esencialmente festivo y profano es la fiesta do carneiro o espeto. Es cierto que la riqueza culinaria queda ya más que demostrada con otras fiestas gastronómicas, pero sin duda es ésta la que lleva la fama del municipio por toda la geografía gallega.
El recuerdo aquí es el mejor juguete de la memoria.
El curioso de la historia, podrá entretenerse visitando los numerosos castros del municipio, como el de Rebón, o restos arqueológicos, como el menhir de a Lapa, pieza única en este tipo de monumentos, o también conociendo de cerca los abundantes petroglifos, algunos casi borrados por el paso del tiempo. Son señas que acreditan el asentamiento humano desde tiempos remotos, como en sus orígenes, cuando estas tierras estaban habitadas por esas tribus galaicas que eran los Cilenos.
En el medioevo, se convirtieron en tierras nobles a juzgar por la arquitectura religiosa y civil. La incidencia del arte románico se hace presente en iglesias como en la de Gargantáns que reparando en todo el conjunto, debemos destacar también sus ábsides perfectamente conservados.
Las casas blasonadas y las hidalgas nos trasmiten un sutil mensaje, un modo de vida, presente en la mayor parte del territorio gallego. El Pazo de San Roque o el de Toxeiriña indican la suerte que corre nuestro patrimonio. En la mayor parte de los casos, rehabilitaciones particulares.
Y en otras ocasiones, como el Pazo de Buzaca el turismo rural es la alternativa más acertada.
Son señales de identidad propia. Como éstas, que nos hablan de un oficio que tradicionalmente tuvo un profundo arraigo en el municipio. Los cerca de 40 cruceiros son la prueba del buen gusto de sus canteros.
Hoy la actividad de Moraña se concentra principalmente en su polígono, aunque muchos de los vecinos se desplazan hasta Pontevedra, Santiago e incluso hasta Vigo para trabajar.
Porque realmente, Moraña se ha convertido en territorio residencial con todas las comodidades que esto implica.
No falta de nada y la calidad de vida ya viene dada, y de ella disfrutan sus casi 5.000 habitantes.
El signo natural nos abrirá las fronteras de esos espacios que derrochan ilusión. En esta ocasión el curso medio del Río Umia es el que baña las tierras del municipio. Aquí, en verano la gran favorita es la playa fluvial de Pontenova, y en invierno? lo ideal, un paseo a las orillas de estas aguas llenas de los mejores sueños.


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