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RIBADUMIA, ESPACIO PARA DISFRUTAR

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Las tierras del Umia son sumamente ricas y fértiles, aptas para cualquier tipo de cultivo.

Este factor ha influido en los asentamientos humanos ya en la antigüedad. Además de los muchos atractivos naturales, existen en el municipio algunas muestras del románico. La arquitectura civil tiene también buenas representaciones con diversos pazos y casas señoriales entre las que destaca sobre todas ellas el pazo de Barrantes.

 
El crecimiento experimentado por Ribadumia en los últimos años ha sido espectacular. En 2004 la población aumentó un veinte por ciento y para el futuro se espera una subida aún mayor. La construcción es un sector en auge. Pero este pequeño municipio de apenas veinte kilómetros cuadrados tiene también una importante historia que merece un recuerdo. Se remonta miles de años atrás y tiene entre sus primeros exponentes el castro de Cons das Sete Pías. Un lugar que ha contribuido a documentar la Edad de Bronce en Galicia.
Los testimonios de la evolución histórica de Ribadumia pasan también por los romanos y el puente Arnelas. En su momento, un punto clave de la Vía per Loca Marítima que atravesaba el Salnés. Ya en el medioevo se convirtió en paso obligado para los peregrinos que hacían la ruta portuguesa.
El románico es también en Ribadumia el estilo predominante en sus iglesias. Arcaico en el caso de Santa María de Besomaño.
San Andrés de Barrantes fue en sus orígenes un monasterio benedictino. Del románico temprano prácticamente no se conserva más que la planta ya que el barroco se hizo con los siglos el estilo predominante.
Y unido al arte religioso, el civil y popular. Con los pazos como máxima expresión artística e histórica del municipio. Quizás el más significativo sea el de Barrantes, construido a principios del siglo dieciséis aunque profundamente reformado en el dieciocho. Durante años fue lugar de encuentro de intelectuales, políticos o empresarios. Sus muros acogieron a personajes como Graham Greene y aún hoy es sede de la fundación que lleva su nombre.
Aquí se gestó también en 1930 el famoso Pacto de Barrantes. Galleguistas como Castelao, Otero Pedrayo o Cabanillas participaron en la elaboración del manifiesto que solicitaba la autonomía para Galicia.
En tierras tan fértiles como las de Ribadumia, seguro que los huéspedes del Pazo de Barrantes probaron susexcelentes caldos. Un buen hacer que se ha transmitido hasta la actualidad, pues su albariño goza de merecida fama.
La elaboración del vino es un arte muy extendido en la comarca del Salnés. El pazo Quinteiro da Cruz tiene también amplios viñedos y elabora sus propios caldos. Pero lo que más nos llama la atención es su jardín. Un lugar para perderse que alberga más de mil trescientas variedades distintas de camelia. Desde ejemplares de pequeñísimo tamaño a flores inmensas. Laberintos de camelias en los que incluso se han fijado prestigiosas casas de moda para ambientar su publicidad.
Ribadumia se adapta también a los nuevos tiempos y a las iniciativas económicas más actuales. Es el caso del Pazo da Carrasqueira, convertido en hospedería y, dicen, uno de los mejores restaurantes de cocina regional establecidos en la zona. Interesante es asimismo la nueva ruta de los molinos, rehabilitados por una escuela-taller. Un proyecto que pretende mantener viva la memoria de actividades hasta hace poco muy habituales. Por ello, los domingos se ofrecen demostraciones de la molienda y se vende la harina resultante.
Esta ruta se está desvelando además como uno de los lugares de ocio preferidos por vecinos y visitantes. Y es que el buen tiempo anima a dar un paseo a la orilla del río. A acercarse incluso hasta elUmia, que da nombre al municipio. Y a disfrutar de hermosos paisajes y de una gran riqueza de flora y fauna. Dejándose llevar por la serenidad de sus tierras, irrigadas generosamente por el río.
La producción vitivinícola constituye uno de los pilares fundamentales de la economía del municipio. Aproximadamente la mitad de la superficie agraria útil se dedica al cultivo de la vid. El albariño es el caldo con mayor presencia, pero no podemos olvidar el caíño, el espadeiro o el inconfundible tintobarrantes. Un vino que no se puede comercializar pero que no falta en ninguna casa.
Ribadumia, como todo el Salnés, cuenta con múltiples bodegas donde degustar y adquirir vinos de calidad. Nosotros nos decantamos por Veiga Serantes, nacida en 1988, el mismo año que el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rías Baixas. Un lugar que conjuga la elaboración de vino con la atención al público. Y es que a pocos metros de las barricas se pueden probar excelentes productos de la tierra o degustar una copa de albariño.
Otra reciente y novedosa iniciativa es el salón de bodas y banquetes abierto por bodegas Lagar de Pintos y Suso Solla. Un lugar que busca distinguirse por la calidad y donde no pueden faltar los excelentes caldos que da esta tierra desde hace años.


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