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LA RIBEIRA SAGRADA: UN PAISAJE IMPRESIONANTE

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El paisaje de la Ribeira Sagrada es, sin duda, uno de los espacios más atractivos de la península Ibérica.

Descenderemos por el Miño desde Portomarín hasta Belesar y desde este embalse hasta el del Peares, en donde asistiremos al encuentro del Miño y el Sil , los principales protagonistas de tanta belleza. Desde los miradores y desde el propio río, este recorrido es uno de los más grandes atractivos que ofrece la Galicia interior.

 
Dos ríos y toda una vida para conocerlos. Dos profundas heridas que recorren el corazón de Galicia. Horadando montañas y abriéndose camino desesperadamente. Dos competidores condenados a encontrarse, entenderse y convertirse en uno.
ElMiño y el Sil son los protagonistas de una historia que se remonta miles de años atrás. Tiempo que han necesitado para dar forma a un espacio natural privilegiado. Con paciencia de artesano. Centímetro a centímetro hasta lograr la pieza codiciada. Que en este caso han dado en llamar Ribeira Sacra.
Un lugar que no podían olvidar los creadores de mitos y leyendas. Uno de nuestros preferidos es el que cuenta cómo el dios Júpiter se prendó de la belleza de la tierra gallega. Con la intención de poseerla, la atravesó con el río Miño.
Pero su esposa Juno no estaba dispuesta a compartir su amor. Y pensó que si en aquella hermosa faz abría una gran herida, Júpiter terminaría por repudiarla. Creó así los Cañones del Sil, que en algunos lugares alcanzan un desnivel de varios cientos de metros.
Una historia que sobre todo pone de manifiesto un sentir general. Una fascinación que se instala en el ánimo de todo aquel que visita la Ribeira Sacra.
Nosotros empezamos a conocerla en Portomarín. Donde el Miño esconde celosamente tesoros que de vez en cuando decide compartir. Restos de vidas pasadas, de historias olvidadas y sueños cubiertos por la pátina del tiempo. El embalse de Belesar obligó a muchos a empezar de nuevo. A trasladar sus cimientos y vivir sin mirar atrás. Por eso es duro y reconfortante a la vez contemplar lo que muestra el Miño cuando baja el caudal.
Dejamos atrás estas viejas aldeas y seguimos el curso del río. Majestuoso y sereno fluye por tierras de enorme riqueza paisajística. Todo aquí gira en torno a él. La flora es más exuberante y la temperatura más suave. Y es que la Ribeira Sacra se ha dotado de un microclima mediterráneo que favorece la vida.
El Miño se embalsa en Belesar. Lugar de descanso para millones de litros de agua que alimentarán unas tierras superdotadas. Hace ya cientos de años fueron explotadas por los romanos. Pueblo culto e inquieto, encontró en estas laderas el terreno ideal para sus vides. El vino cultivado en bancales es un manjar que ya apreciaban sus emperadores. Y es, ante todo, el fruto de un inmenso esfuerzo. De las cepas y de los que las cuidan. Pocos sitios hay donde la vendimia sea tan sacrificada.
Probar los vinos de la Ribeira Sacra es motivo más que suficiente para venir a conocerla. Pero además es esta una zona que mima al visitante. Que se ha puesto en su piel para ofrecer todo aquello que pudiera desear.
Navegar entre inmensos cañones es una experiencia sobrecogedora. Pocos se resisten a probarla y nosotros también queremos mostrársela. El Sil es el otro gran río de Galicia. El que dicen que lleva el agua que dará fama al Miño. Y son estas aguas las que surcan populares catamaranes.
Todo se ve distinto desde abajo. Desde cualquier punto estamos rodeados de enormes masas rocosas, agrestes, apenas suavizadas por la erosión y el cauce del río. Peñascos que la imaginación humana ha bautizado con nombres evocadores, como esta Aguja del diablo.
Las paredes de roca alcanzan en algunos puntos alturas extraordinarias. Y nos hacen sentir seres diminutos enfrentados a una naturaleza poderosa. No hace tanto tiempo que estos parajes han sido descubiertos por el gran público. Por eso mantienen la pureza de los sitios poco explotados, donde todo es nuevo para nuestros ojos.
Es además un viaje que estimula la imaginación. Que invita a descubrir formas y caras en las rocas. Peñascos milenarios que parecen mirarnos, como si supieran algo que nosotros ignoramos.
Surcar el Sil en catamarán permite un contacto más directo con este solemne paisaje. Una conexión casi espiritual con un espacio que desde hace siglos ha sido considerado sagrado. Se fija en la retina y nos acompaña hasta la última parada de este recorrido que hoy les proponemos. Y que no puede acabar en otro lugar que no sea Os Peares. Donde dos potentes energías se funden para iniciar una nueva y espléndida etapa.
Un punto cargado de simbolismo que brilla con luz propia. La que han ido almacenado estos dos ríos en su caminar. Destilada con virtud de alquimista de los más fascinantes parajes de la Ribeira Sacra.


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