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El Cielo Común

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Un vuelo por el río Miño entre España y Portugal

En el aeródromo de Cerval, -entre Valença y Vilanova de Cerveira- emprendemos el vuelo en un ultraligero para imitar el vuelo de las aves y disfrutar de los increíbles paisajes sobre el estuario del Miño.

 
Dos países y un río, el más largo de los ríos galaicos. El Miño recorre incansable 343 kilómetros de Galicia hasta llegar a este punto. Lo hemos visto desde una y otra orilla, en cada uno de sus puntos y en todas las estaciones. Su curso alto está declarado Reserva de la Biosfera; recorre sus primeros cuarenta kilómetros por la Terra Cha de Lugo; y sirve, en sus últimos 76 km, de frontera entre España y Portugal.
Nos dirigimos al aeródromo de Cerval, próximo a Vila Nova de Cerveira. Desde allí un grupo de pilotos de ultraligeros disfrutan cada semana de la libertad que les da el horizonte, el no tener límites y sobre todo de la belleza del paisaje.
Esta se ha convertido ya en la base de los pilotos gallegos. Pablo tiene casi 14.000 horas de vuelo. Fue el profesor de todos los pilotos del club "Baixo Miño", que se formaron en este aeródromo. Aquí da clases para sacar el título de piloto, hace rutas turísticas en ultraligero o bautismos aéreos, como el que hoy recibiremos. Imitamos a Ícaro y nos dirigimos al sol. Recorremos nuestras primeras millas y vamos elevando pies de altura. De inmediato nos encontramos con las aguas de Miño, imponente y generoso se dirige hacia el mar.
Goian es nuestro primer punto de referencia, lo distinguimos por el ferry que cruza pasajeros de una a otra orilla. Volamos hacia Caminha, y hacia la Punta de Santa Tegra, enfrentadas una a otra y atravesamos pueblos, lugares, puentes y descubrimos islotes con formas sorprendentes.
Nuestro piloto nos cuenta que en días de marea muy baja se puede ver gente atravesando el río con vacas hacia estas islas. Al norte de camposantos se extiende el Espacio Natural do Baixo Miño, un ecosistema de extraordinario valor ecológico al que acuden numerosas aves marinas en su viaje migratorio. Como una más de ellas sobrevolamos el río da fraternidade y nos acercamos ya al punto donde el Miño se entrega al mar en una ceremonia no escasa de ostentaciones. En medio del estuario el islote de Nossa señora da Insua, que pertenece a Portugal, cercado por una fortaleza del siglo XVII y que guarda restos de un penal y a nuestra derecha el Monte Tecla, uno de los símbolos más importantes del imaginario gallego. Los celtas ya intuyeron la magia de este lugar por ello instalaron aquí un poblado de cientos de construcciones, separadas por calles y cercadas por una muralla, hasta que fueron ocupados por las romanos. Nosotros lo descubrimos en 1912.
Retomamos nuestra ruta de vuelta a Cerval, revisando el paisaje como una más de las aves que vienen en primavera. Cuando tomamos tierra sabemos algo nuevo, que volar es vivir, y hacerlo sobre el cielo común es además disfrutar.


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