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Villa de Fisterra

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Fisterra ha sido considerada durante siglos el fin de la tierra conocida.

La villa es netamente marinera en su configuración moderna pero quedan rincones de su casco antiguo de singular belleza, calles estrechas y casas escalonadas. Sus impresionantes paisajes y su gastronomía en la que destacan los mas sabrosos mariscos son los principales motivos para que miles de turistas se acerquen a conocerla.

 
Como peregrinos nos hemos acercado a Fisterra. Hasta este confín de la tierra que se adentra en el Atlántico y que casi se confunde con él. Un mar que es el estandarte de esta población.
Su símbolo, su cruz.
Villa y puerto están perfectamente imbricados, se unen y se confunden. Todo gira en torno a este muelle pesquero que agota carretes de fotos y llena páginas de cuadernos inspirados.
La antigua playa de Calafigueira desapareció con la construcción del moderno puerto, y a su alrededor, en semicírculo, la villa fue creciendo y extendiendo sus brazos.
Hoy Fisterra conserva en sus rincones perlados de sal, casas mariñeiras. Coquetas, pintorescas. Piedra, ropa tendida y balcones.
Sus colores vivos deslumbran incluso en este día sin sol y trepan como serpentinas encaramadas a las calles estrechas, en ascensión devota por las ondulaciones del cabo.
Unas cinco mil quinientas personas habitan este brazo de mar. Y en este mismo entorno inmenso y salado late su futuro, el de los más jóvenes, que ahora pasa también por el turismo.
Su consagración, desde muy antiguo, como fin del Camino de Santiago, abre hoy las puertas a la mejora de servicios e infraestructuras para visitantes. Es un valor todavía en alza.
En Fisterra nadie puede menos que dejarse seducir por una mesa llena de mariscos frescos y apetitosos, arrebatados al océano mismo que enseña los dientes a los marineros. Saben a las entrañas del Atlántico bravo que mece en sus brazos esta última frontera.
Gastronomía, paisaje y tranquilidad. El turista que acude a Fisterra viene a propósito, es buen conocedor de lo que le espera, se ha informado por internet o se fía de las excelencias que canta un amigo. Eso está más que asegurado en hoteles y establecimientos con el valor de la tradición, que ensalzan su localización en el medio rural. Donde se puede disfrutar de una biblioteca sobre la Costa da Morte, dormir en una habitación con nombre de playa o aguardar la noche al borde del mar.


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