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Coruña: La Ciudad y el Mar

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El mar es el espejo en el que se mira esta ciudad y su principal fuente de riqueza.

El Atlántico urbano que marca la belleza de su litoral y esa luz especial que la convierte en una de las más hermosas ciudades de España. Su puerto es uno de los más importantes. Desde la Marina hasta la moderna Torre Millenium , el paseo pone al descubierto la vocación marinera de A Coruña.

 
El sol susurra un buenos días al mar.
Las olas mecen suavemente a la ciudad para que despierte.
Calma y suavidad.
Y en la lonja estallidos de vida sobre todo en la más grande de Galicia, y por tanto de las más grandes de España. Un universo paralelo de 8000 metros cuadrados donde se habla entre dientes, se subasta a la baja, al margen de mandos electrónicos que todo lo complicarían porque todo aquí es a lo grande, y donde todos miran sólo una cosa, cajas y cajas de pescado fresco, del litoral, del Gran Sol... y las cigalas más grandes que nunca habíamos visto.
La reforma de esta lonja la realizó el arquitecto pontevedrés Cesar Portela.
Volvemos a la luz y empapados de olor a mar buscamos tocarlo y verlo. Aquí es muy fácil podemos hacerlos duante 11 kilómetros.
Ante toda esta luz, estos juegos cromáticos sólo se nos ocurre visitar a un pintor y coruñés. Jorge Cabezasvive ya a caballo entre Madrid y Coruña.
Como todos los artistas odia las etiquetas pero si nos da alguna clave. La suya es una pintura intuitiva. Dice que no sabe si quiere contar algo, que se limita a pintar, y así ha llegado hasta Nueva York.
Jorge nos muestra lo que opina del perfil de esta ciudad de la mejor manera que sabe expresarse. Descubrimos peces en sus cuadros, y Antón Reixa acuñó el término pintura marítima para algunas de sus obras.
El perfil de una ciudad es una acuerdo entre los ojos que la miran, su propia belleza, y la mano de los que la han retocado. Como la mira Jorge Cabezas?
Para algunos el símbolo, para otros un paseo con un mobiliario urbano complicado. El diseño provoca debate, en el que todos participan porque a nadie deja indiferente este espacio privilegiado. Estos 2 kilómetros y medio de paseo nuevos pero rápidamente acogidos con naturalidad por los coruñeses, tienen otro estilo. La presencia del mar es más cercana, los coches están a otro nivel, los bancos son de madera, y los otros sencillos asientos son pequeños bloques y estas islas entran en nuestro horizonte, las de San Pedro de gran riqueza ornitológica. Además se sitúa sobre una duna fósil. Grupos ecologistas como Adega critican el proyecto y la falta de respeto medioambiental del mismo.
Para amenizar el paisaje, e incluso remover conciencias hay 8 grupos escultóricos.
Este tramo forma parte del Plan de Regeneración ecológica y medioambiental del Monte de San Pedro.
El proyecto continúa. En breve se comienza la construcción de un ascensor panorámico, que conducirá a un mirador, a un restaurante y a una cafetería. Y en el propio monte de San Pedro se va a situar un original museo subterráneo aprovechando la importancia de estas baterías de costa. El mar no sólo se contempla desde el paseo.
Ocho playas que en verano vuelven a esta ciudad la esencia misma de la calidad de vida y del bienestar. Ya lo han descubierto 800.000 turistas.
En futuros programas el proyecto que captará nuestra atención será el de la ambiciosa rehabilitación del castro de Elviña y su entorno llevada a cabo por el arquitecto Manuel Gallego Jorreto. Todos estos son motivos suficientes por los que Coruña acogerá el año que viene el certamen Nations in Bloom, que premia las comunidades medioambientalmente viables.
El nuevo tramo del paseo marítimo nos ofrece también un atardecer hasta ahora menos conocido. Pero hasta que el gran vigía de Hérculesno decide encender su faro no ha acabado la luz. Despide el día en nombre de todos y se dispone a soñar con que dentro de unos años será Patrimonio de la Humanidad.
Nuevos reflejos juegan juguetones con la cámara, con nuestros ojos, con nuestra imaginación, hasta liarnos. Ya no sabemos como preferimos la ciudad, si luminosa, o deliciosamente nocturna, perdón ciudad y mar, que nadie les separe.


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