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PLAYAS DE ORTIGUEIRA.

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El paisaje costero es el principal atractivo turístico de Ortigueira.

Toda la costa Cantábrica es sin duda el gran atractivo y el reclamo turístico principal para elegir Ortigueira como destino vacacional. Tres de ellas Morouzos, La Concha y San Antonio han conseguido la bandera azul de la Unión Europea pero cualquiera de los otros once arenales merecen también su visita.

 
Aunque en verano no les falta de nada. Tres son las banderas azules de Ortigueira: San Antonio, La Concha y Morouzos. Y tres son las playas de Ortigueira de pizarra. No se equivoquen, el negro que ven en el paisaje no es de chapapote es de una piedra típica de esta zona. Varios de estos arenales tienen tres sistemas naturales, la playa, las dunas y las plantas psomófilas. En sus arenas no sólo se tienden los amantes de la buena vida, también las aves pelágicas o las tortugas extenuadas de tanto nadar, y en sus olas los arroaces persiguen a los peces.
La playa de Morouzos de 7 kilómetros de longitud luce la bandera azul y es la gran señora. Tiene todo lo necesario para considerarse una playa familiar. Está totalmente acondicionada, incluso con pinar, pero su belleza la convierte en algo más que una simple playa familiar. La otra gran playa de Ortigueira, de aguas tranquilas, es la de La Concha con tres de esos sistemas naturales, dunas, cierto tipo de planta, y el mar. Además de las pasarelas que ha puesto la mano del hombre para que su acceso sea lo más fácil posible y sin agredir a las dunas.
Al otro lado de una pequeña península, de un cabo, está la playa de San Antonio. Aquí el mar forma una acogedora ensenada en la que a veces bate, por eso es perfecta para practicar el windsurf. Dice la leyenda que nunca falta, que un labrador encontró en esta playa a San Antonio con un cerdito, que puede verse a lo largo del año paseando por Espasante hasta que se rifa. Pero también hay pequeñas playas en plenos acantilados como las de Sarridal o Ribeira Grande, Ribeira do Carro, Fábrega, Coitelo o Gabioteira yPicón. Vamos a detenernos en está última porque las anteriores son de muy difícil o imposible acceso desde tierra. Pero no ocurre esto en Picón. Su belleza y su amplitud se ganaron que su acceso fuese mejorado, no era justo que la gente se perdiera esta experiencia. La pizarra es parte del paisaje, y las formas caprichosas que el mar, el viento y el tiempo han hecho en ella.
En un relativo pequeño tramo de costa hay playas para todos los gustos. Tranquilas y familiares, protegidas por la ría e inacabables o de majestuosa y salvaje belleza rodeadas de acantilados, protegidas por una isla, o azotadas por el mar. Algunas están rodeadas de restos arqueológicos como la playa de la Concha o en otras las escaleras llevan a un castro. Y muchos de estos arenales son ermitaños a la fuerza porque es la marea la que decide cuando se puede acceder a ellas, así que algunas son casi siempre playas vírgenes y solitarias. Puede que este tramo de la costa gallega sea de los menos conocidos, y resulta increíble a la luz de las imágenes que pueden verse. Egoístamente casi nos alegramos porque nos gusta así, tranquilo, ajeno a todo, maravilloso.


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