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VIMIANZO TIERRA DE SONEIRA

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Tierras ricas en espacio naturales, también lo son en historia y cultura.

Un territorio grandioso por su paisaje de costa y por ser origen de civilización en su interior. En el casco urbano de la capital municipal son de interés la antigua fortaleza y el pazo de Trasariz del siglo XVIII, con fachada italianizante del siglo XVII y hermosas arcadas y columnas.

 
Ha sido en medio de estas tierras donde se desarrollaron unos de los más relevantes capítulos de la historia gallega.
Vimianzo es la capital de la tierra de Soneira. Elegante y serena se presenta a nuestros ojos como una pequeña joya escondida bajo las montañas peladas de Monte Faro.
Estos altos del Faro, los peñascos de Pasarela continuación de la línea de Traba y el curso del río Grande son los prestigiosos apellidos de Vimianzo.
Pero el que ha llevado de siempre por delante es el del río que da origen a la ría de Camariñas. Porque Vimianzo se incluye entre los municipios que dan nombre a la Costa da Morte a pesar de que apenas toca la costa más que en un punto, entre Camelle y Laxe, donde unos escasos metros son los que le abren paso al mar del Atlántico.
Estas tierras ricas en espacios naturales, también lo son en cultura e historia. En cada esquina se puede apreciar la evolución humana desde la edad castreña hasta la actualidad. Así, dentro de la cultura megalítica, existen en el municipio gran variedad de construcciones, testigos de aquella época. Es el caso del dolmen de Pedra Cuberta uno de los monumentos más conocidos de Galicia.
La cultura castreña también está muy presente en este territorio, aunque sin excavar y en los lugares más dispares, Vimianzo guarda varios de estos antiguos poblados.
De la época romana tenemos que hablar de la aparición de los restos de un pueblo y extensa necrópolis en el atrio de la iglesia de Santa María de Tines. En 1951 el investigador Manuel Chamoso fue quien la descubrió, encontrando así unos de los primeros testimonios del cristianismo en Galicia.
Es en A Lagoa donde hacemos otro alto en el tiempo. Se trata de la Virgen de la Peregrina, que como bien su nombre indica, está vinculada a la tradición jacobea. Situada al lado de un importante camino real que pudo ser paso de los peregrinos que desde Camariñas se dirigían a Compostela.
Otra historia, quien sabe si más reciente es la de Cereixo. Hoy convertido en uno de los pueblos mejor cuidados del municipio, en otra época era conocido por su iglesia del siglo XII y por sus torres, levantadas 5 siglos más tarde. Grandiosa y totalmente geométrica, son sus escudos los que nos anuncian los distintos episodios de su historia antes de haber llegado a manos de sus actuales dueños.
No es de extrañar que hace más de 300 años ya alguien se fijara en este lugar para construir una edificación de tales dimensiones, porque además no hay que olvidar que Cereixo se asoma la Ría de Camariñas, ofreciendo así un entorno como éste. Si se va a Vimianzo hay que hablar de los batanes del Mosquetín. Desde 1998 el conjunto es propiedad de la Diputación Provincial, perteneciendo anteriormente a los vecinos de esta zona. Se desconoce su antigüedad, aunque aparecen referencias al conjunto etnográfico en el Catastro de Ensenada en 1753.
El Mosquetín fue testigo en esta ocasión de un modo de vida que hoy ha cambiado. Antes era el batanear del lino y las continuas moliendas lo que mandaba en la economía del municipio. Hoy la fuerza del río se aprovecha para abastecer esta piscifactoría de truchas que disfrutan casi de primera línea del agua del Río Grande. Este tipo de industria, junto con las minas de caolín son las que han convertido a Vimianzo en la capital de Soneira.
Pero sin duda decir historia en Vimianzo es echar una mirada atrás, es recordar aquellos hechos, ya casi leyenda que se reflejan desde siempre en las paredes del castillo.
Es una fortaleza casi de maqueta, restaurada hace unos 15 años. Construida a finales del siglo XII o principios del XIII, conserva su profundo foso, y las almenas de punta de diamante en la Torre.
Su historia está vinculada a la familia de los Moscoso de Altamira, que se hizo con ella entre 1425 y 1429. Posteriormente figura como dueño Bernal Yáñez de Moscoso, quien mantuvo preso al Arzobispo de Santiago, Alonso II de Fonseca. Fue destruida por los Irmandiños, reconstruida por el Arzobispo de Fonseca y recuperada para los Condes de Altamira por Lope Sanches de Moscoso.
Y paradojas de la vida, lo que fue el centro de la historia de un pueblo es también el epicentro de la cultura de su presente.
Hoy en manos de la Diputación, se ha convertido en un museo vivo: su historia ilustrada y muestras artesanales en directo que reavivan el arte manual como el de las palilleiras.


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