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VEREA, SENDEROS PARA COMPARTIR

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Un municipio de gran atractivo para los amantes de la montaña.

Municipio de montaña en el que las alturas superan frecuentemente los mil metros, presenta un notorio atractivo para el turismo rural. Bellos paisajes se observan a lo largo de su geografía.Esto permite plantear como alternativa turística distintas rutas para poder disfrutar del paisaje, alguna de ellas a pié.

 
El significado etimológico de Verea es camino. Por eso se dice que Verea es una tierra de paso. Algunos dicen que este término motiva el recuerdo de épocas pasadas o años que ya pasaron al olvido.
Pero lo cierto es que al poner los pies en estos caminos calzados de arcilla y piedra, volvemos a despertar los sentimientos que aún hoy están ahí a la espera de ser rescatados.
Una antigua calzada del Imperio Romano que verifica que aquí existió un campamento conocido como la Cividá, y durante la Edad Media y la Moderna, el Camino Portugués a Compostela, en una variante por Celanova es el que sigue marcando ese carácter ?de paso? del municipio de Verea.
Son caminos que nos llevarán a conocer las viejas tradiciones y las creencias de cada tiempo; la historia y el arte que se afincó aquí creando el gran legado que hoy recorremos.
Por lo que se refiere a arquitectura religiosa destaca la iglesia de San Pedro de Orille, con una fachada en la que predomina la elegancia de la sencillez y un retablo en el que todavía se perciben los detalles barrocos.
De la capilla de la Ascensión nos quedamos con su campanario, acabado con dos pináculos en los extremos y una cruz en la parte central.
Los cruceiros también son marcas de caminos, indicadores de las encrucijadas donde se contaban las mejores historias. Los cruceiros los hay valiosos, de una sola pieza y otros, como el de Sanguñedo, donde lo que destaca es la expresión de dolor del Cristo.
Los de Verea son senderos para compartir y disfrutar de cerca de estampas que sin duda merecen un nombre propio. Es el curso del río Orille el que riega estas tierras, el que en su día daba vida a los molinos que aquí se cuentan por docenas.
Éste y otros muchos riachuelos nacieron para morir en el Arnoia, no sin antes crear espacios en los que lo que vemos es sinónimo de sosiego, respeto y calidad de vida.
Aguas con personalidad en las que nadan las más bellas ilusiones. Buscados deseos que no hacen otra cosa que abrir la esperanza de los que aman esta tierra.
Pero nos queda quizás por recorrer el camino que mejor define a Verea. Son los que nos conducen hasta las puertas altas de la tierra portuguesa. Sin duda en los montes de Lobaqueiros y Penagache, cumbres del Leboreiro, el mejor escultor ha sido el propio paso del tiempo. Rocas y formas caprichosas salpican la sierra que ha sido durante muchos años cobijo de una destacada necrópolis.
Mámoas y dólmenes que cambiaron la morfología del relieve de Verea y que hoy forman parte inseparable de la iconografía del paisaje. Mota Grande, la llamada Mota Pequeña y algunas que sólo se distinguen, dicen que a vista de pájaro.
Y lo cierto es que a vista de pájaro es como nos gustaría disfrutar de lo que nos ofrecen estas latitudes y estas altitudes que son frontera pero no de nuestros mejores sueños.


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