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SOUTOMAIOR

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La fortaleza de Soutomaior es testigo de la historia del municipio desde el siglo XIII.

Al fondo de la ensenada de San Simón, con el castillo de Soutomaior dominando el espléndido valle del Oitavén, aparece este bello municipio pontevedrés. Sus espacios naturales y espectaculares vistas, el castillo de Soutomaior con sus magníficos jardines y la degustación de las ostras de Arcade, justifican una detenida visita.

 
Le gustaba cabalgar por las mañanas, por eso le llamaron Pedro Madruga. Aunque también dicen que se ganó el apodo por las horas del día en que ajusticiaba a sus enemigos. Lo cierto es que Pedro Álvarez de Soutomaior, Pedro Madruga, es uno de los personajes más importantes en la historia de este municipio, donde el río se convierte en mar y las leyendas se entremezclan con la historia.
El concello de Soutomaior creció a partir de la actividad de un castillo, que en el siglo XV convirtió estas tierras en el núcleo político del sur de Galicia. Ya a finales del siglo XIX lo habitaron los marqueses de la Vega de Armijo. Aunque no tiene excesivos elementos de construcción defensiva, en un castillo no podía faltar el puente levadizo con foso. Por aquí accedemos al palacio. Entre estos muros nos sentimos ya transportados a la edad media. Imaginamos a Pedro Madruga paseando por estos mismos terrenos que ahora pisamos. En el patio descubrimos una bella construcción neogótica, la Galería de Damas que forma parte de las transformaciones que llevó a cabo el marqués.
El impresionante jardín guarda muchos recuerdos de estos inquilinos, como esta fuente de la marquesa, con el rostro del matrimonio grabado. O el estanque con forma de la ría de Vigo, que se utilizaba como piscina. Este vergel es un auténtico tesoro botánico, con una plaza rodeada de plátanos, con camelios, azaleas, cedros, o ejemplares más exóticos de los cinco continentes como
Descubrimos en muchos rincones los recuerdos de épocas de actividad incesante que generaba el castillo a su alrededor. El agua que lo atraviesa ha marcado durante siglos un estilo de vida. En todas las épocas sus habitantes la han utilizado, prueba de ello son estos dos ejemplos: el puente de Comboa, de la época medieval que atraviesa el río Verdugo, y el puente colgante, de los años 70 que marca el punto en que se unen el Verdugo y el Oitavén. Se forma un espectacular paraje, de difícil acceso, pero que sin duda merece la pena. Desde aquí, juntos se dirigen hacia la desembocadura, abrazando la bahía de San Simón.
Pero Soutomaior nos ofrece mucho más. La iglesia parroquial de San Salvador del siglo XVIII se conserva en un estado impecable. Tiene la típica estructura de las construcciones barrocas, con la figura en honor del santo en la fachada. Solamente se mantiene un olivo centenario de los muchos que la rodeaban.
Al subir al monte da Peneda las vistas nos ponen los pelos de punta. Desde la desembocadura del Verdugo en la ensenada de San Simón hasta las Islas Cíes, podríamos estar horas y no cansarnos nunca. En este alto se encontraba antiguamente el Castillo de Castrizán, donde ahora está esta ermita. Se dice que hay un pasadizo desde aquí hasta el de Soutomaior. El arzobispo de Santiago lo mandó construir con la intención de controlar a Pedro Madruga, aprovechando que estaba en Castilla. Cuando éste volvió destruyó esta fortaleza.
Nos dirigimos ahora a la otra parroquia del municipio, Arcade. Esta es la villa costera, y urbana. Mantiene el desarrollo de estas tierras, con un destacado crecimiento, que se ve claramente con un simple paseo por sus calles. En ocasiones este crecimiento no es acompañado por los servicios que se ofrecen. Ahora luchan por conseguir una guardería, mientras la demanda siguen aumentando cada año. Pero por lo que realmente es conocida la parroquia es por su gastronomía. El marisco, y sobre todo, las ostras son su mejor tarjeta de visita. Alvaro Cunqueirola definió como un ?manjar esencial, con un sabor espiritual que es como una añoranza de mar? . Aquí incluso le han levantado un monumento. En contra de lo que muchos creen este molusco se puede preparar de muchas formas. En Arcade las conocen todas.
Por Arcade pasa el camino portugués de Santiago, que no encontró mejor vía para atravesar que el Puentesampaio. En la desembocadura del verdugo, este puente forma una composición inigualable. Aquí se libró la batalla de la liberación de Galicia contra las tropas napoleónicas.
Atravesamos, como los peregrinos, el Puentesampaio, y estamos ya en Pontevedra. Nos alejamos de Soutomaior, donde un castillo nos dió la bienvenida, sus leyendas nos entretuvieron, degustamos las mejores ostras y contemplamos asombrados como el río besa al mar.


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